terça-feira, 30 de dezembro de 2025

502: II. Ciudad de Guatemala: Capital viajera

Comienza el éxodo hacia el Valle de Las Vacas

Por Frieda Morales

Santiago de los Caballeros, capital del Reyno de Guatemala. Grabado 1829.


El aciago martes 29 de julio de 1773, Día de la Virgen de Santa Marta, fue una fecha que quedó marcada en la memoria de los moradores de la ciudad de Santiago de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala, y del de los pueblos circunvecinos en el valle de Panchoy. Justo a las tres y cuarenta y cinco minutos de la tarde, según informó el fraile dominico, Felipe Cadena[1], se sintió un fuerte sismo y diez minutos después, se produjo otro aún más fuerte, acompañado de retumbos y de réplicas de menor intensidad. En pocos segundos, el ambiente festivo cambió. Los vecinos y las autoridades entraron en pánico. Muchas personas corrían hacia la calle, sin rumbo; otros caían de rodillas, porque el movimiento no los dejaba estar en pie. Se escuchaban gritos, llantos y rezos implorando piedad al cielo y a la Divina Misericordia y, otro tanto, muy espantados, trataban de encontrar resguardo en las “tembloreras”. Pero, éstas tampoco eran seguras”. El temor aumentó cuando, como consecuencia del estrepitoso derrumbe de casas, templos, edificios, muros y por la caída de árboles, las calles fueron cubiertas por una gran nube de polvo, desorientando aún más a las personas. Para colmo, esa noche azotaron fuertes lluvias acompañadas de rayos y truenos. A la mañana siguiente, el panorama con el que se encontraron fue desolador. La situación era caótica y el terror se apresó de todos.

    El presidente don Martín de Mayorga, recién llegado al Reino un mes antes, estaba muy asustado, pero, a pesar de ello, tuvo la fortaleza para tomar las decisiones pertinentes al caso. De inmediato, ordenó la protección de las personas y que se velara por la seguridad de los caudales y organizó la vigilancia y la seguridad de la capital del Reino. Asimismo, como prevención sanitaria, encomendó la extracción de los cadáveres de entre los escombros para darles cristiana sepultura; también mandó resolver el abastecimiento de alimentos y planificar la limpieza de caminos. 

    Acto seguido, el 2 de agosto del mismo año, don Martín de Mayorga y las autoridades eclesiásticas, el contador de cuentas, oficiales reales, el fiscal interino, los alcaldes ordinarios y capitulares, así como muchos vecinos firmaron un documento en el que se notificaba a Su Majestad sobre la ruina de la ciudad. Dos días después, se convocó a una Junta en la Plaza Mayor y en ella, según el cronista Juan González Bustillo, Mayorga propuso la traslación de la ciudad hacia un paraje más seguro y no tan expuesto a tragedias naturales como la que habían experimentado. Esta medida se avaló con la declaración jurada del maestro de obras Bernardo Ramírez que certificó la total ruina de la ciudad. La moción se puso a votación y cada uno de los presentes expuso los motivos de su voto a favor o en contra.

    El día 5, Mayorga pidió que se buscase un nuevo sitio para la ciudad, al mismo tiempo que informaba que iba a solicitar el permiso a Su Majestad para el traslado a un sitio más seguro. Allí mismo, recomendaron el valle de Jalapa y el de Las Vacas, entre otros. Además, los vocales de la Junta opinaron que era conveniente trasladarse provisionalmente hacia el valle de Las Vacas. En otra reunión, se nombraron las comisiones de exploración y, al mismo tiempo, se solicitó al ingeniero Antonio Marín un informe detallado de la ruina de la ciudad y de conformidad con su dictamen se resolvería reedificar la ciudad o abandonarla. El 20 de agosto, Marín rindió informe a favor del traslado. Entre tanto, varias familias, por seguridad, dejaban la ciudad para establecerse en las cercanías de San Lucas Sacatepéquez y, otros como la familia Aycinena, se establecieron en Villa Nueva.

    Las comisiones de exploración salieron el 19 de agosto rumbo al valle del Jumay en Jalapa para reconocer el llano de San Antonio. Luego, siguieron para el valle de Las Vacas. En cada paraje entrevistaron a varios pobladores sobre el clima, los manantiales de agua, la fertilidad del suelo y, sobre todo, acerca de los temblores.

    Mientras, las comisiones estaban haciendo su trabajo, en la ciudad arruinada, el 28 y 29 de agosto, el volcán de Fuego se activó, produciendo erupciones y retumbos fuertes. Esta fue la gota de derramó el vaso de agua y a Mayorga le otorgó la certeza de que se debían ir. De esa forma, se cerró una época histórica (1542-1773) y se abrió un nuevo capítulo de la historia de la ciudad nómada, Santiago de los Caballeros de Goathemala, capital del Reino.

    Después de reconocer el valle de Jalapa, el 23 de septiembre de 1773, la comisión llegó al valle del Corregimiento Central y solicitaron testimonio de:

Don Manuel de Galisteo, justicia mayor del partido; el vecino don Manuel Montenegro, el ermitaño don Juan José Morales Ruiz y Alfarol, constructor de la capilla de Nuestra Señora del Carmen, en el cerrito (el hermano Juan tenía en ese tiempo setenta y cinco años); al mestizo Clemente Salas; al regidor don Juan José Solórzano, que informó sin juramento; y a los vecinos don José Arriaza, Bernabé Antonio Muñoz, Juan Basilio Muñoz, Lorenzo Solares y Francisco García. (Pérez Valenzuela, 1964: 132).

    Todos coincidieron en las bondades del clima, que favorecía una vida longeva y próspera. A ello, contribuía la corriente de los vientos, norte-sur, que evitaba la propagación de enfermedades. Con relación al abastecimiento del agua, el maestro Bernardo Ramírez llevó a cabo un acucioso estudio para buscar la forma de introducir el agua y concluyó que la del río “Pinula” era conveniente porque también recibía caudales de otros ríos, aunque recomendó que debiera emprenderse obra de infraestructura. Otros ríos que Ramírez reconoció fueron el de “Mixco”, “Concepción”, “Paconcha” y “Betlén” (Pérez Valenzuela, 1964).  

    Acerca de la fertilidad del suelo, los testigos declararon que era favorable para las cementeras y árboles frutales; asimismo, por sus abundantes bosques podía proveer de madera de calidad y otros materiales aptos para la construcción de viviendas y demás edificios. Antes de la tragedia, de este valle proveían de madera a la ciudad arruinada. Otros aspectos importantes, eran que muy cerca había Pueblos de Indios que contribuirían al abastecimiento de alimentos y mano de obra, así como las distancias que había desde allí hacia el Golfo y hacia los puertos de Sonsonate y Acajutla en la Provincia de El Salvador, favorecían el comercio marítimo.

    En el mismo estudio, se informó que por la extensión del valle del Corregimiento Central, era posible fundar nuevos Pueblos de Indios. Se levantó un plano que  abarcaba la siguiente extensión: 371 caballerías, 4 cuerdas, 4,375 varas cuadradas, que reducidas a leguas hacían 9 y 22 caballerías, 199 cuerdas y 4,375 varas superficiales.


Primer plano de reconocimiento del valle del Corregimiento Central, 1773. Archivo Espiscopal.


    En este plano señalaron los posibles parajes para concretar la traslación de la ciudad, en color rojo: El  llano de la finca “El Naranjo” o la hacienda “El Incienso”, hacia el oeste; en la medianía del valle, el llano de “El Rodeo”, donde se colocó una cruz y de “Piedra Parada”; los de “La Culebra”, “Hicancapié” o de “Lejarcia”, hacia el sur; y, en color verde, el valle de “Las Vacas”.  (Pérez Valenzuela, 1964; Polo Sifontes, 1970). A partir de aquí, no había vuelta atrás, a pesar de las discusiones y cruce de documentos entre las autoridades locales y la corona en ultramar. Finalmente, el 15 de enero de 1774, el Consejo de Indias, tras recibir los informes de los hechos sucedidos en la capital del Reino de Guatemala, aprobó el traslado provisional hacia el valle de “Las Vacas” o de “La Ermita”, localizado a nueve leguas de la devastada Capitanía General en el valle de Panchoy. Aunque con la advertencia que no se construyeran casas formales ahí y tampoco se reedificara en la ciudad arruinada.  

    En esa cédula, en el punto primero, decía que se debería comprar un terreno de dos a cuatro leguas cuadradas, de preferencia, en circunferencia, o que se acomodase de acuerdo a la capacidad que ofreciera el sitio elegido para la fundación de la ciudad: “Pueblos adyacentes a ella. Exidos, pastos y demás de su precisa dotación, y que se importe a que se ascendiere el Terreno, regulado a justa tassacion de Peritos, a y con respecto al valor que tenía antes de la destrucción de la Alcabala que yo tengo concedida pa. obras públicas sin exigir arbitrio alguno sobre Tierras (Pérez Valenzuela, 1964: 171. Se conserva redacción original)”. Los terrenos para las comunidades, iglesias matrices y filiales de la antigua ciudad se concedieron a forma gratuita. De igual forma se procedió con los terrenos otorgados a los vecinos. De esa cuenta en punto décimo se lee que:

Siguiendo este pensamiento tan conforme a la razón, según lo advertimos y al presente sistema se hace forzoso que la demarcación o delimitación de la Ciudad sea substancialmente la misma que tenía en Goathemala, con la circunstancia de dar más extensión a la Plaza Maior, Plazuelas y Calles y aun a algunas Manzanas o Quadras, como aquí se nombran, pues aunque la Plaza Principal es  bastante capaz, según se expresa en el Número primero de la razón de los templos, juzgamos que no debiéndose penzar en fabricar altas, ni en todo lo demas que ha sido el objeto de las maiores y considerables rentas, como son las Bovedas y demas semejantes, se hace forzoso dar más capacidad al Angulo que oicupaba el Real Palacio al de la catedral, con que se halla unido el de el Arzobispado, como también al del cabildo, pues los convenios y comunidades lograban comúnmente de suficientíssimo terreno, y en cualquiera evento, será fácil recomendárselo, por aquella parte que no ofrezca perjuicio a tercer. (He venido en aprobarlo). (Pérez Valenzuela, 1964: 175-176. Se conserva redacción original).

    El cumplimiento de estas ordenanzas se complicó. A la crisis se sumó una plaga de langostas que arrasó los cultivos, empeorando el abasto de alimentos y, para rebasar el vaso de agua, en la ciudad arruinada se propagó una peste de tifus transmitida por el piojo que se extendió por los pueblos de Sacatepéquez. Según consignaron algunos historiadores, ésta se propagó a través de la migración de gente pobre que había abandonado la ciudad y estaba hambrienta y sucia. De esa forma para evitar que la peste se propagara a más población, Mayorga ordenó formar una Junta de Sanidad compuesta por el doctor Ávalos y Porras, el bachiller Merlo y don José Flores. Así lo comunicaba al Ayuntamiento el 30 de abril de 1774. Sin embargo, no funcionó como se esperaba.

    Mayorga teniendo en sus manos los resultados del estudio, el 25 de febrero de 1775, ordenó de forma severa que, sin excusa ni pretexto, todos los pobladores de la ciudad arruinada debían trasladarse al nuevo valle y acondicionarse cerca del Establecimiento provisional en el Pueblo de La Ermita y, por lo tanto, quedaba prohibido (re)construir ranchos formales en la antigua ciudad, solo se permitían provisionales y de una pieza. 



[1]    Expediente número 1368, legajo número21, 1778. 


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Fuente: ©Morales Barco, Frieda  Liliana. Capital de Guatemala, una ciudad viajera II. Caxlanas, 2025.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

domingo, 28 de dezembro de 2025

502: I. Capital de Guatemala, una ciudad viajera

Capital de Guatemala, una ciudad viajera 
(1524, 1527, 1543, 1776)

Por Frieda Morales

Lienzo de Quauhquechollan, conservado en el Museo Casa del Alfeñique, Puebla, México.

 (Restauración digital. Universidad Francisco Marroquín).


Los cronistas coloniales relatan que la fundación de la capital del Reino de Guatemala y sus tres traslados posteriores a diferentes sitios estuvo marcada por conflictos bélicos, pero, en especial, por tragedias naturales, como las erupciones volcánicas, tormentas, deslaves y terremotos. Lo que le valió el mote de “Ciudad viajera”. Su historia andarina comenzó el 25 de julio de 1524.

    El 15 de noviembre de 1523, el conquistador don Pedro de Alvarado, junto con su ejército español y aliados tlaxcaltecas, salió de Tenochtitlán rumbo al sur para tomar la ruta de los comerciantes del istmo de Tehuantepec hacia Soconusco y de ahí continuar hacia el sur para entrar al territorio guatemalteco por Xetulul Hunbatz (Zapotitlán, suchitepéquz). De aquí, se dirigió hacia Atitlán, Olintepeque, Quetzaltenango, donde se produjeron cruentas batallas bélicas por la resistencia que ofrecieron los pueblos indígenas y en uno de los enfrentamientos, según cuenta la leyenda, murió en combate Tecún Umán, príncipe k´iche´ a manos de Pedro de Alvarado.

    Alvarado ganó una a una y anexó las tierras conquistadas al patrimonio de Su Majestad, el rey de España. Estas hazañas, junto con las de su hermano Jorge de Alvarado, quedaron consignadas en el Lienzo de Quauhquechollan en el que se narra la historia de la ocupación que dibujaron artistas indígenas nahuas, los tracuiloque, que lo acompañaban.

    Tras penoso y fatigoso viaje y tras haber salido victorioso, el 11 de abril de 1524, Alvarado, junto con sus tropas y los indígenas tlaxcaltecas, ingresaron a la ciudad K´iche´ llamada Q´umarkaj, en las cercanías de la ciudad de Iximché, Tecpán-Quauhtemallan, Chimaltenango y capital del reino kaqchiquel, donde fueron bien recibidos por los reyes, quienes pronto se aliaron y les proporcionaron guerreros para colaborar en la conquistas de los demás pueblos mayas para someterlos. Pero, Alvarado temiendo una traición, detuvo en las cercanías del campamento del Príncipe Chicba.

Mapa de Qumarkaj (Catherwood, 1840).



    Alvarado regresó de Cuscatlán, El Salvador, el 22 de julio de 1524, después de cuarenta y cinco días de ausencia, eligió un sitio fértil y de clima bondadoso hacia el sur en el valle de Iximché para fundar en nombre del Rey, su Señor, la primera ciudad hispánica de Centro América, bajo la admonición del Apóstol Santiago y bendecida con una misa rezada por el presbítero Juan Godínez. Estos hechos fueron consignados por el escribano nombrado, Alonso de Reguera así: Libro de fundación de esta muy noble e muy leal cibdad de Santiago de los Caballeros de Guathemala y fundación della, que comenzó desde veinte e nueve días del mes de julio de mil e quinientos y veinte e cuatro años en adelante. Fecha que en el calendario maya kaqchiquel corresponde al 1 Q´at y en el gregoriano es un día lunes. Asimismo, en la segunda acta, que se redactó dos días después, consignó la institución del primer Ayuntamiento de Guatemala:

Después de lo susodicho, en la villa de Santiago a XXVII días del dicho mes de Julio del dicho año, por ante mi el dicho Alonso de Reguera escribano, los dichos señores alcaldes Diego de Roxas y Baltazar de Mendoza, y D. Pedro de Portocarrero Hernán Carrillo, y Juan Pérez Dardón y Domingo de Zubarrieta regidores, hoy dicho día miércoles entraron en su cabildo todos juntos, juntamente con el señor Teniente de Gobernador.

            Y ordenaron que por cuanto en esta villa hay mucha necesidad de un oficial pregonero, para la ejecución de la justicia y otras cosas necesarias, que sea elegido y eligieron por pregonero a Diego Díaz, estante en esta dicha villa, el cual es la persona más suficiente al dicho oficio que otra, y que le mandaban e mandaron que lo acepte y use, y que le darán su salario como es costumbre en las yslas.

            Otro si ordenaron y mandaron quel herrero desta villa lleve por cada ciento de clavos, dando el hierro para ello, dos pesos de oro, y que en las otras cosas que hiciere, se haya moderadamente en el llevar del precio, su pena.

            Otro si, que los herradores lleven por cada caballo que herráren de todos cuatro pies, dándoles el herraje, aunque sea por atarragar, un peso oro y al respeto: y por una sangría lleven un peso oro, so pena de pagar con el cuatro tanto lo que ansi lleváren demasiado, aplicada la metad para la cámara e fisco de su magestad y la otra metad para el juez que lo sentenciare. Y que en lo que las curas y otras cosas tocantes a su oficio, se hayan moderadamente en el llevar el precio. –Pedro de Albarado. –Diego de Roxas. –Baltasar de Mendoza, D. Pedro de Portocarrero. – Hernan Castillo. –Juan Pérez Dardon. –Domingo Zubiarreta.[1]

 

    Pero, conforme pasaban los días, los kaqchiqueles se mostraban inconformes con la ocupación de Iximché y con el insaciable apetito de Alvarado para enriquecerse, le llevó a cometer delitos de violencia y crueldad hacia la población indígena y, especialmente, a los reyes Belehé-Qat y Cahí-Imox. Esto provocó actos de insurrección que llevaron a que Alvarado tomara la decisión de quemar la ciudad, junto con sus reyes, y abandonarla.



Ciudad de Iximché. Croquis . (Fuentes y Guzmán, Antonio. Recordación Florida. Guatemala: José de Pineda Ibarra, 1979).


    Pedro de Alvarado retornó México y dejó a su hermano, Jorge de Alvarado, la tarea de buscar un nuevo sitio para el traslado de la ciudad. Pero esa tarea no fue fácil. Todavía sufrían ataques por parte de los cakchiqueles. Por esa razón, salió de Iximché y se trasladó cerca de San Juan Comalapa. Pero, esa fue una mala decisión. Este era territorio, también kaqchiquel, no era seguro. Hubo enfrentamientos con los castellanos, pero lograron controlarlos. Ante esto, Alvarado se trasladó al valle de Almolonga, donde hoy está San Miguelito, desde ahí mandó emisarios a buscar un nuevo sitio con mejores condiciones para trasladar la base de operaciones y establecer una ciudad permanente para ellos, los conquistadores. En el informe se recomendaban dos opciones, “El Tianguesillo”[2] en terrenos de Chimaltenango, próximo a El Tejar y el valle de Almolonga, donde ya se encontraba un grupo de españoles. Por el voto del Alcalde ordinario Gonzalo Dovalle y los Regidores don Pedro Portocarrero, Juan Pérez Dardón, Jorge de Acuña, Pedro de Cueto y Hernando de Alvarado, así como el capellán Juan Godínez y otros vecinos principales, al final, se eligió el sitio al pie del Volcán de Agua, en el valle de Almolonga.

  El éxodo de españoles comenzó de nuevo y el asentamiento se oficializó el 22 de noviembre de 1527 en el paraje llamado Bulbuxyá o Agua que brota, al pie del volcán de Agua. El capitán general, los alcaldes, los regidores, indígenas, esclavos y soldados se congregaron en una plaza provisional y levantaron un altar en honor a la Virgen del Socorro.

    A continuación, Jorge de Alvarado, hincándose, colocó un madero en el suelo, en señal de posesión y ratificó el patronato del Apóstol Santiago el mayor y la mandó trazar. Luego, se procedió a avecindar a los pobladores y a efectuar los repartimientos de tierras. Al mismo tiempo, la Corona autorizó la Gobernación de Guatemala y otorgó el nombre de Adelantado y Capitán General de la Provincia de Guatemala a Pedro de Alvarado, cuya jurisdicción comprendía Chiapas, Guatemala y El Salvador. 

  Este fue, también, el inicio de formación del Reino de Guatemala (1524-1821) y la institucionalización del sistema administrativo y poder político colonial en estas tierras. Se creó el Ayuntamiento, junto con esto, los cargos administrativos necesarios para el funcionamiento de la ciudad y validar el proceso de organización territorial por medio del repartimiento de tierras y de indígenas a los conquistadores, capitanes y soldados, que demandaban parte del botín y así, resolver las disputas que había sobre este asunto. Con estas medidas se selló la conquista de esta región y comenzó a construirse un entramado social y de relaciones entre españoles e indígenas. 


Mapa de Herrera, 1601, número 6. Madrid.


    Pedro de Alvarado regresó a Guatemala en 1530, pero no se quedó durante mucho tiempo porque continuó sus viajes de expedición y conquista hacia el sur del continente. Murió en 1541 dejando devastada a su viuda, doña Beatríz de la Cueva y ante la profunda tristeza, pintó su casa de negro en señal de luto. Pero, este suceso dejó acéfala la gobernación, por esa razón doña Beatríz de la Cueva se convirtió en la primera mujer en asumir la gobernación de una ciudad en el Nuevo Mundo. El mando lo compartió con su hermano Francisco. Ella recibió la vara de la justicia en nombre de Su Majestad y agregó a su nombre el de “La Sin Ventura”. Sin embargo, el ejercicio de su cargo se vio empañado por un desastre natural.  

    Catorce años después de haberse asentado en este valle de Almolonga, en la noche del sábado 10 de septiembre de 1541, la vida cotidiana de los vecinos fue interrumpida como consecuencia de una tragedia natural. Durante tres días llovió sin parar, se sentían fuertes temblores y para terminar de asustarlos, durante la tercera noche, a lo lejos, se escuchó un gran estruendo y, cada vez el ruido se sentía más y más cerca. Ese sonido era producido por la corriente de agua que bajaba del volcán con mucha fuerza, arrastrando consigo piedras, troncos de árboles y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. El agua, como una serpiente furiosa, rápidamente inundó las calles y las plazas, que hizo estremecer los cimientos de las casas. En vano, muchos vecinos corrían para resguardarse porque la fuerza del agua les impedía moverse de un lado a otro. En esta tragedia, muchos pobladores perdieron la vida, incluyendo a doña Beatriz de la Cueva, La “Sin Ventura”, y su séquito de damas. Los cronistas cuentan que, desde esa fecha, el Volcán de Agua perdió su figura cónica al formarse el cráter oblongo que ahora ostenta.

        Conforme los primeros rayos del sol anunciaban un nuevo día, los ojos de los vecinos sobrevivientes vieron a su alrededor una escena de tristeza y dolor. Una vez más, la zozobra asolaba a los pobladores. Pero, allí estaba el Obispo Francisco Marroquín, quien había llegado al Reyno de Guatemala por invitación de Pedro de Alvarado, para reconfortarlos espiritualmente y, al mismo tiempo, organizó comisiones para exhumar los cadáveres, velar por los heridos, buscar refugio seguro para los sobrevivientes, entre otras acciones.

    Acto seguido, los sobrevivientes se reunieron en la Catedral, que había quedado intacta, y realizaron una junta en la que eligieron al Obispo Marroquín y al licenciado Francisco de la Cueva para ejercer el gobierno civil provisional. Después de muchas discusiones, acordaron trasladarse hacia el valle que los indígenas llamaban Pancán o Panchoy y los españoles valle de Tuerto[3], localizado hacia el norte del de Almolonga, porque se pensó que en este último estarían más seguros. El nuevo paraje elegido poseía un clima agradable, estaba rodeado de cerros y de tres volcanes, Acatenango, Agua y Fuego, aunque éste último, a veces, por estar activo les diera algunos sustos, según ellos, no representaba un peligro inminente. Después de realizarse los estudios respectivos y las consultas reales, el 22 de noviembre de 1542 se hizo el trazo de la nueva ciudad, se concedieron terrenos a los vecinos y se señalaron los destinados para los edificios públicos, Catedral, conventos, plazas y calles. A la par, se restablecieron los servicios administrativos y de seguridad. Toda vez formalizado el establecimiento en este valle, el Cabildo en pleno ingresa a la ciudad y se celebra la primera junta el 10 de marzo de 1543. Por eso, esta fecha se toma como la de la fundación del tercer asentamiento y en junio, se ordenó que la ciudad se llamara Santiago de los Caballeros. A partir de aquí, poco a poco, se restableció la vida cotidiana en este nuevo asentamiento y los recuerdos tristes ocurridos en el Valle de Almolonga pronto se esfumaron.  

    Durante 232 años, la vida de la población de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Santiago de los Caballeros en el Valle de Panchoy transcurrió bien. Durante este tiempo, el desarrollo urbano, económico y cultural fue superior al de otras ciudades coloniales de la región. Pero, de nuevo, la paz de los pobladores se interrumpió de forma drástica, como consecuencia de otra tragedia natural, esta vez un terremoto de gran magnitud, ocurrido la fatídica tarde del martes 29 de julio de 1773. Este sismo, originó grandes estragos estructurales y pérdidas materiales, pero, afortunadamente, pocas víctimas humanas.

   Este hecho, embargó de temor a muchos vecinos y al recién llegado nuevo Capitán General, don Martín de Mayorga aún más que pronto sugirió el traslado de la ciudad a otro sitio más seguro. Pero, también, fue la ocasión propicia para otros que, aprovechando el temor de Mayorga y su inmediata reacción de irse del lugar, alentaron esa moción. Esto en parte, por los problemas económicos que tenían y porque representaba la oportunidad de resolverlos. De nuevo, había que llenar baúles y dirigirse a un nuevo asentamiento, el cuarto, en el valle de Las Vacas o de La Hermita, a 19 leguas del valle de Panchoy.

    El 6 de septiembre de 1773, don Martín de Mayorga partió hacia el Valle de Las Vacas, situado hacia el oriente a una distancia de 9 leguas (28 km en línea recta), dejando a muchos vecinos con gran zozobra por el futuro próximo y emitiendo las ordenanzas necesarias para iniciar el traslado. A su llegada: 

Habíase improvisado en la Ermita alojamiento para todas las dependencias del gobierno y para los funcionarios y empleados. El cabildo del pueblo poseía dos casas; una fue ocupada por la Audiencia y la otra se destinó para guarda de las reales cajas. Allí estuvieron la Audiencia y el Tesoro hasta el año de 1799 (mayo) en que se mudaron a la nueva capital –que ya en ese tiempo se levantaba en el contiguo Valle de la Virgen (Pérez Valenzuela, 1964: 89).

    Aunque en el valle de Panchoy, seguía temblando. Los sismos más fuertes se sintieron el 7 de septiembre y el 13 de diciembre de ese año y después de cinco meses de ocurrida la tragedia, para enero de 1774, todavía no se veía claramente que los vecinos quisieran mudarse de la ciudad arruinada hacia otro lugar y tener que empezar de nuevo. Por eso, a principios de enero, Mayorga convocó a una Junta General en la que amonestó que todos debían concurrir sin excusa ni pretexto. El día 10, convocó a otra junta para discutir dos puntos: 1) Convenir reedificar la ciudad o levantar una nueva, eligiendo uno de estos sitios, el Llano del Calvario, la Finca La Chácara o el Llano de Santa Lucía, ubicados hacia el sur de la ciudad arruinada; y 2) Trasladar la ciudad al Valle de Jalapa, o al de Las Vacas, cuyos estudios habían dictaminado eran los idóneos para el establecimiento de una ciudad. Mientras tanto, la comisión nombrada estaba realizando su trabajo de exploración y estudio de un sitio idóneo lejos del de la ciudad arruinada. 

    Pronto surgiría la NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCIÓN..., la cuarta capital del Reyno de Guatemala...




[1] Palabra híbrida hispano-mexicana, con sentido de mercado, cuya poca categoría se hace resaltar con el diminutivo castellano. (Libro Viejo de la Fundación de Guatemala, año 1524, SGHG, 1991: xxi).

[2] Barberena, Santiago I. Guatemala, ciudad trashumante. El Excélsior, año IV, número  2,311. Guatemala viernes 23 de julio de 1924, p. 1.

[3] La localización exacta de este Valle no se puede ubicar, pero se suele ubicarlo al oriente del centro urbano de Ciudad Vieja, en torno a San Miguel Escobar. En la discusión se le menciona como “el valle” o “este” Valle; que fue designado con el nombre, no muy sugerente, de Valle de Tuerto; sin que se pueda asegurar a quién o a qué se refería. Más presentable y eufónico es Almolonga, palabra que en el sentir de Fuentes y Guzmán significa “agua que brolla”, que añade su leve toque profético sobre la catástrofe que le esperaba. (Idem, 1991,: xxii).

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Fuente: ©Morales Barco, Frieda  Liliana. Capital de Guatemala, una ciudad viajera. Caxlanas, 2025.

segunda-feira, 17 de junho de 2024

SIGLO XX: José Batres Montúfar

Monumento a José Batres Montufar
Parque Santa Catarina, zona 1

Por Frieda Morales


Izquierda, arriba: Jardines del Teatro Colón (1908); derecha: Parque Concordia (1922). Abajo: Parque Santa Catarina, zona 1 (1983).

El busto en bronce del insigne escritor José Batres Montúfar, se mandó a hacer con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento, el 19 de enero de 1909. El mandato fue hecho por medio del Decreto número 668, dado en la ciudad de Guatemala el 21 de agosto de 1908 por el presidente Manuel Estrada Cabrera. Para el caso, se encargó el trabajo a los artistas plásticos Santiago González, Antonio Doninelli y Valentín Bressani

     También, se previó que el monumento se colocara en los jardines del Teatro Colón para que fuera contemplado por todos. En el pedestal, se grabó en una plancha de mármol uno de sus más famosos poemas: “Yo pienso en ti”. Y sobre él, fue colocado su busto.

    Pero debido a las secuelas provocados por los terremotos de 1917 y 1918, el monumento se dañó y tuvo que ser restaurado, asimismo, se autorizó su traslado el 30 de enero de 1922, según consta en la Memoria de Labores del Ministerio de Fomento de ese año y se mandó pagar a don Antonio Donninelli, la suma de $7,500 moneda nacional, valor cobrado por la colocación del busto de don José Batres Montufar en el parque “La Concordia”, actualmente parque “Enrique Gómez Carrillo”.  

  En este recinto, el monumento tampoco duró mucho tiempo. Ya que después de algunas remodelaciones y de la colocación del monumento al Príncipe de los Cronistas, Enrique Gómez Carrillo, en este parque, el busto de Batres Montúfar tuvo que ser trasladado al parque de “Santa Catarina” en 1983, que está situado en la esquina de la tercera avenida y quinta calle de la zona 1, frente al Conservatorio Nacional de Música.

    Como datos adicionales, se agrega que el 13 de octubre de 1966 se publicó un artículo en el que se menciona que el señor León Bilak, miembro de número de la Sociedad de Geografía e Historia, en aquel mismo año donaron a la Biblioteca Nacional un grupo de papeles que pertenecieron al poeta José Batres Montúfar. Entre ellos figuraban varias cartas enviadas desde Nicaragua, así como una invaluable pieza literaria, el original del inmortal poema “Yo pienso en ti”. En 1991, la señora Carmen Rodríguez Beteta donó una replica del busto a la Hemeroteca Nacional de Guatemala “Clemente Marroquín Rojas”, donde está colocado en un sitial de honor. Otra réplica del busto fue colocada en el Congreso Nacional.

    Es lamentable que por el descuido de las autoridades municipales y por las del patrimonio nacional, este monumento haya sido robado por personas inescrupulosas que se dedican al reciclado de metales. Ahora, solo quedan las fotografías...

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Fuente: Morales Barco, Frieda Liliana. Monumento a José Batres Montúfar. Guatemala: Caxlanas, 2024.


sábado, 18 de maio de 2024

SIGLO XX: Monumento a La Fama

Monumento de la Fama o del Ángel
Hoy, Plaza de La República, zona 4

Por Frieda Morales

Izquierda: Vista panorámica del monumento en 1912. Derecha: Monumento a La Fama.

    El “Monumento a La Fama o Del Ángel” fue un proyecto escultórico realizado por el arquitecto Luis A. Fontaine para perpetuar el recuerdo de la inauguración del Ferrocarril Interoceánico de Guatemala en 1912 y se mandó erigir por decreto gubernativo número 678.

    El monumento se colocó en un espacio verde que servía  para el entretenimiento y solaz esparcimiento de los vecinos de la ciudad capital y, en especial, los del Cantón de “La Exposición” –actualmente zona 4 y en lo que hoy se conoce como la rotonda de la 7ª avenida sur, frente al Banco Industrial.

    Fontaine, con su escultura, trató de unir a la naturaleza representada por un peñasco de rocas amontonadas a los progresos de la civilización y dejar formado en el conjunto una obra espléndidamente emblemática. Constaba de blocs de roca granítica rústicos, y algunos de ellos de más de tres metros cúbicos de volumen. Tenía doce metros de altura sobre cimientos de seis metros de profundidad y pesaba más de seiscientas (600) toneladas métricas.

    Alrededor de él, se construyó una pequeña fuente con capacidad para contener más de cincuenta metros cúbicos. Las gradas y la orilla de la pila fueon hechas de piedra volcánica

    También se colocaron cuatro estaturas alegóricas hechas de lámina de cobre, de treinta y dos onzas cada una, bronceado antiguo, que representaban, de arriba abajo a los dioses de La fama, mercurio, la agricultura y Vulcano. La construcción duró catorce meses.

    Lamentablemente, el monumento se cayó durante los terremotos de 1917-18 y las piezas que lo componían quedaron abandonadas durante mucho tiempo. 


Vista de estatuas de los dioses abandonadas en un terreno baldío después de los terremotos de 1917-1918.
Fotografía publicada en el Diario El Liberal Progresista, 1939.

    Las autoridades del Ayuntamiento prometieron que el monumento sería reconstruido en un sitio más adecuado, pero nunca esto no se cumplió y solamente fue rescatada una de las estatuas, la de la diosa de La Fama, porque el Secretario del Colegio de Infantes, hoy Liceo Guatemala, solicitó al Concejo Municipal la donación de la misma para colocarla sobre la torre de la capilla del centro educativo, que medía 35 metros de altura y, de esa forma, serviría de ornato para el colegio y la ciudad. El Concejo, en sesión ordinaria del 26 de abril de 1956 accedió a la petición.

    Los sacerdotes maristas encargaron al escultor Tinetti que retirara la trompeta y en su lugar colocara una antorcha y que se retiraran los senos de la figura femenina. De esa forma, la Diosa se transformó en un Ángel. 

Vista de la Diosa de La Fama transforma en Ángel (izquierda: 1956; derecha: 1976) 

    Durante el terremoto del 4 de febrero de 1976, la estatua se cayó, pero no sufrió mucho daño. Luego, fue recolocada en la parte más alta del edificio del colegio donde todavía se observa hasta hoy.

    El antiguo lugar ocupado por el monumento a La Fama fue transformado en la “Plazuela Once de marzo”, por acuerdo municipal en 1921. Esto como un homenaje para rememorar los actos cívicos y heroicos acaecidos con motivo del derrocamiento del gobierno dirigido por el presidente Estrada Cabrera en 1920. Desde entonces, hasta el años 2007, el único vestigio que quedó de la “Plazuela 11 de Marzo” fue una placa conmemorativa situada a un costado del Parabus de la 7ª avenida, Ruta 5 y Vía 6, zona 4, que rezaba lo siguiente:



    Casi cien años después de la creación de esta plaza, los personeros de la Municipalidad de Guatemala proyectaron la construcción de la Plaza de la República en forma de rotonda y en el centro se colocó una escultura realizada por el artista plástico, Max Leiva. Fue inaugurada el 10 de julio de 2009, proyecto que, además, formó parte del proyecto urbanístico conocido como “Corredor Central Aurora-Cañas” que impulsó la comuna capitalina.

    Al norte de la plaza se construyó una estación de Transmetro para el eje hacia el sur de la ciudad y asimismo, con este proyecto se contribuye al remozamiento de las áreas verdes y recreativas del Cantón de “La Exposición”, zona 4 y del espacio cultural conocido como 4º Norte. Conjuntamente a este, se construyó un parqueo subterráneo público, que funciona desde enero de 2009, en horario de 7:00 horas a 22:00 horas.

Plaza de La República y monumento de Max Leiva.


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Fuente: Morales Barco, Frieda Liliana. Monumento a La Fama, zona 4. Guatemala: Caxlanas, 2024.

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NOTA: Se agradecen comentarios.

quarta-feira, 10 de abril de 2024

Siglo XIX: Los primeros monumentos a Colón

Primer intento... Colegio de San José de los Infantes

Por Frieda Morales

Inauguración del monumento a Cristóbal Colón patio central Colegio de Infantes, 1880.

    El 12 de octubre de 1880, en el primer patio del colegio de San José de los Infantes, situado al costado sur de la Catedral Metropolitana, zona 1, se colocó una estatua de Cristóbal Colón como una iniciativa del señor rector del establecimiento, presbítero Alberto Rubio y Piloña y fue la primera en el continente americano.

    El día de la inauguración, estuvieron presentes autoridades de gobierno, alumnos de todos los colegios de la capital y delegados del Clero metropolitano. Fue todo un acontecimiento en el que también se cantó el Himno a Colón, cuya letra la escribió el alumno Santiago Colom y la música, el maestro Indalecio Castro.

    La estatua medía un metro de alto y tenía la mano derecha extendida al horizonte. Según nota del Diario de Centro América de agosto de 1923, se lee que en los cuatro costados del pedestal se leían, entre otras inscripciones sobre metal, en diversos idiomas. Al occidente, frente a la puerta de entrada del edificio, aparecía esta:

“¡Hombre sin igual! ¡Genio excelso! El colegio de Infantes se gloría y apesara al consagraros este monumento hoy, aniversario de vuestra acción inmortal. Se gloría por ser el primero en Centro América que os erige un monumento y conmemora vuestro día glorioso: se apesara porque sus proporciones no le permiten hacerlo cual vos merecéis.

¡Dios creó un mundo! ¡Vos nos mostrasteis la mitad!

 Al lado opuesto aparecía una leyenda en latín, y al Norte una inscripción en kaqchiquel y otra en griego.

 


En la fotografía de la izquierda aparece en el lugar que ocupaba antiguamente en el patio del colegio. A la derecha, la estatua colocada en el segundo piso del establecimiento.

    Una réplica de este monumento estaba en la extinta biblioteca del Porvenir de los Obreros.

    Durante los terremotos de 1917-1918, se cayó y sufrió algunos daños, por lo que fue destruida, con la promesa de restaurarlo y colocarlo de nuevo en mejor lugar. Pero, se quedó en eso, en promesa... 


Segundo intento... Monumento a Cristóbal Colón en el Teatro Nacional




    El 12 de octubre de 1894 se cumplían 400 años de la llega de Cristóbal Colón a América y en la Ciudad de Guatemala todos los templos replicaron campanas y el Ayuntamiento mandó soltar bombas. En aquella ocasión, el presidente José María Reina Barrios, acompañado de sus Ministros, cuerpo diplomático y público en general, abandonó el palacio nacional y se dirigió al Parque Centenario y el Alcalde Primero, Rafael Ayau, con pendón en mano y el Concejo Municipal, hicieron lo mismo. A continuación, la comitiva se dirigió al Teatro Nacional, que a partir de aquel año, fue llamado “Teatro Colón”, y, en uno de los jardines colocaron la primera piedra del monumento a Cristóbal Colón con el que la Colonia Italiana residente en el país, obsequiaría a la Ciudad de Guatemala.

    Los trámites legales para el traslado de la estatua de Colon hacia Guatemala desde Italia demoraron mucho. Por eso, la misma se colocó en la Plaza Vieja, hoy Parque Infantil Cristóbal Colón, zona 1, hasta el año de 1894. Con este monumento, finalmente, se perpetuaron las celebraciones del IV Centenario del descubrimiento de América. El monumento fue realizado por escultor Francisco Durini y representa al almirante sobre una esfera, haciendo referencia a la geografía, en la mano izquierda sostiene una bandera y con la derecha parece estar saludando. El monumento contiene un altorrelieve en bronce de una corona que recuerda al Reino de Castilla, y el escudo de Guatemala. He aquí una nota sobre el evento:

Inauguración
Como se había anunciado, ayer a medio día se verificó la inauguración solemne de la estatua a Colón, que la colonia italiana obsequió a la ciudad de Guatemala.
A pesar de la incesante lluvia la concurrencia a aquel acto fue distinguida y numerosa.
Después de haberse descubierto la estatua y de los discursos de los señores Ricco y González Campo (h.) los invitados pasaron al salón del Teatro Colón en donde se les obsequió con dulces champagne, etc. y las medallas de plata mandadas acuñar para el caso.
El adorno de la plazuela, alrededor del monumento, era en extremo sencillo, pero elegante, alternando los colores de los pabellones nacionales de Italia y de Guatemala.
Varios miembros de la Colonia Italiana han estado hoy en nuestra oficina con el objeto de que a su nombre digamos a los invitados que las faltas que haya notado en la atención, de parte de ella, se debió únicamente a la lluvia, motivo por el cual tampoco se pudo llevar a cabo en la noche la función anunciada de fuegos artificiales.
Esta tendrá efecto tan luego como haga buen tiempo. Felicitamos a la Colonia Italiana por la inauguración de aquel monumento, y haciéndonos eco de los sentimientos del vecindario, le damos las gracias por el obsequio (Diario de Centro América, 1894).

Durante un periodo de veintiocho años, aproximadamente, adornó la entrada principal del Teatro Colón, pero, como consecuencia de los daños a la estructura del teatro durante los terremotos de 1917-1918, fue demolido en 1922. En la actualidad, el único recuerdo tangible que quedó de aquellos tiempos, es la estatua que se admira enfrente de la entrada a la Biblioteca Municipal que lleva el mismo nombre.

 

Bibliografía
Diario de Centro América. Inauguración del monumento a Colón. Octubre de 1894.
_____. Primer monumento de Colón en Guatemala. 11 de octubre de 1923, p. 6.


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Fuente: Frieda Liliana Morales Barco. Viaducto de La Exposición o Puente de La Penitenciaría. Guatemala: Caxlanas, 2023.

segunda-feira, 15 de janeiro de 2024

Siglo XIX: Viaducto de La Exposición o Puente de La Penitenciaría.

Viaducto de la Exposición o Puente de La Penitenciaría

Por Frieda Morales



 

Esta obra constituyó uno de los primeros emprendimientos de gran porte llevados a cabo por la administración del presidente Reyna Barrios (1892-1898) y que contribuía a la expansión de la ciudad capital hacia el sur, así como favorecía el tránsito de mercaderías vía el Ferrocarril del Pacífico que más tarde haría su interconexión con el del Norte con la construcción, en 1908, del Puente de Las Vacas.

            En una nota publicada en “Guatemala en 1897” dice que:

Al trazarse el plano del Cantón de la Exposición, se observó que la línea férrea que lo cruza, presentaba serios peligros para los transeúntes, no tanto en la actualidad, en que el número de  trenes es relativamente corto, como en lo porvenir, en que, con la línea interoceánica, aumentará en razón directa del incremento del país. Se dispuso entonces la formación de un viaducto que permitiera a la Avenida una vía propia sin riesgos de los trenes. La construcción tuvo que obedecer a que la Penitenciaría no debía quedar en alto ni alterar la gradiente del ferrocarril Central. Esta es la razón del ligero descenso que hay que hacer para pasar el viaducto, descenso encajonado por elegantes muros de contención que rematan en verjas que limitan los jardines de ambos lados de las calles (pp.193-194).

        Entonces, la construcción del Viaducto de La Exposición, también conocido como Puente Piedra o de La Penitenciaría se puso en marcha el 14 de abril de 1893 y finalizó trece meses después, el 14 de abril de 1894. Fue el primero de la ciudad y fue diseñado por el ingeniero italiano J. Payelá y llevado a cabo por el Ingeniero inglés Blackwood.

    Los objetivos de la construcción de este viaducto fueron permitir la prolongación de la 7ª avenida Sur, que comienza en la esquina de la 18 calle Oriente, pasaba por la Penitenciaría, lugar que hoy ocupan los edificios del Banco de Guatemala, CHN, Finanzas y Corte Suprema de Justicia, y cruza el plano del Cantón La Exposición por medio de la Avenida 15 de Septiembre, hasta concluir en la entrada de la avenida del “Paseo 30 de Junio”, después conocida como “Avenida de La Reforma” (3.96 km).

      El largo del viaducto es 30.47 m por 10.51 m de ancho, representando una superficie de 320.2,397 m. Su altura es de 20 pies desde el piso de la Avenida, hasta la superficie que ocupan los rieles del Ferrocarril y que en ese lugar está encajonada entre elegantes muros de contención que rematan en verjas, limitando sendos jardines a ambos lados de la calle. El ancho del viaducto en el sentido de la Avenida, es de 28 pies, dando lugar para tres vías férreas en su parte superior.

        El viaducto tiene cuatro arcos, de los cuales, los dos de los extremos servían para el paso de peatones y el Decauville; ambos  miden 16 pies de ancho. Los del centro miden 27 pies y tienen como función permitir  el tráfico de carruajes en aquel entonces y hoy para vehículos. Los arcos de las dos primeras secciones son de tres centros y tienen una altura de 14 ½ pies. Los principales son de siete centros, con una altura de 16 pies.

      Toda la obra está hecha de piedra labrada, coronada por una cornisa y los frontones tienen molduras apropiadas. En las piedras llaves de los arcos se esculpieron monogramas y escudos. La parte superior se halla coronada por sobria y elegante cornisa. Don Joaquín Méndez menciona que en 1897:

Cruzando por debajo del viaducto se llega al corte que se hizo en las laderas del barranco La Exposición, con el objeto de salir con el nivel del piso y rellenar el mismo barranco, en cuyo fondo se construyó un gran túnel de mampostería que recibe las aguas del Rastro, del Cantón y de las lluvias, en los lugares acotados en el plano (1926: 172-173).

      En la actualidad, este puente, junto con el de La Barranquilla y el de la Municipalidad sobre la 6ª avenida Sur, marcan el límite entre el Centro Cívico de la zona 1 y el Cantón de La Exposición, zona 4.

      Más tarde, recibió el nombre de Puente de La Penitenciaría debido a que donde hoy se encuentra el Ministerio de Finanzas y el Banco de Guatemala se encontraba un centro de reclusión, mismo que fue demolido.

     Con el pasar de los años, las inmediaciones de este puente se han ido modificando. En el año de 1940, el Negociado de Deportes, construyó un muro de ladrillo sobre el extremo poniente de la 7ª avenida Sur; durante la década de 1950 cuando se emprendió la construcción de la Ciudad Olímpica y del Centro Cívico, desaparecieron los muros del lado sur; en 1979, se autorizó el cambio de vías decidiéndose que a partir del 1 de octubre de ese año la 6ª y 7ª avenidas de las zonas 1 y 4 serían de una sola vía y no de doble; luego, en la década de 1990 fue colocada una división de concreto (para simular un camellón central) que comienza en la pasarela que del Banco de Guatemala y la Municipalidad para evitar el cruce de peatones; en 2009, el asfalto sobre arco del lado izquierdo en dirección norte sur, fue objeto de un rebajamiento de cincuenta centímetros aproximadamente, para facilitar el paso de la línea del nuevo eje del transmetro.

        A pesar de todos estos cambios, el Viaducto de La Exposición o Puente de La Penitenciaría sigue en pie.


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Fuente: Frieda Liliana Morales Barco. Viaducto de La Exposición o Puente de La Penitenciaría. Guatemala: Caxlanas, 2013.