terça-feira, 6 de janeiro de 2026

502: REAL CÉDULA

Real Cédula del Rey Felipe II concediendo a Guatemala el título de Muy Noble y Muy Leal

Por Frieda Morales



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Fuente: ©Morales Barco, Frieda  Liliana. Real Cédula de Feiipe II. Caxlanas, 2025.     

quinta-feira, 1 de janeiro de 2026

502: III Capital de Guatemala: Capital viajera

Nace la Nueva Guatemala de la Asunción

Por Frieda Morales


Cerrito de la Hermita de Nuestra Señora del Carmen. (Grabado en el libro "Guatemala the Land of  Quetzal de William T. Bringham).


En medio de esta crisis, el 16 de junio de 1774, se recibió una cédula real de Su Majestad El Rey Carlos III, donde se indicaba su aprobación de las diligencias tomadas por el Presidente Mayorga y manifestando su satisfacción por la traslación hacia el Establecimiento provisional en el valle de La Ermita situado en el Valle del Corregimiento Central. Este sitio, en la actualidad, se localizaba entre el barrio de “La Parroquia” y Cerrito del Carmen

    Desde el día que el Presidente Mayorga salió de la ciudad arruinada hacia el valle de La Ermita, hubo un sinfín de cruce de cartas entre el Reino de Guatemala y la corona en ultramar para solucionar este entuerto de la traslación o no de la ciudad. Hasta que al el 1 de diciembre de 1775, se comienza a ver más luz para una solución positiva. En esa fecha, se recibió en el correo procedente de México, la respuesta del Rey por medio de la cédula real emitida el 21 de julio de ese año, librada en San Ildelfonso y signada por el rey Carlos III, por medio de la cual se ordenaba la traslación y fundación formal de la ciudad en el valle de “Las Vacas” o de “La Ermita”. En ella se aprobaba el traslado formal al valle de Las Vacas. La noticia causó revuelo entre los pobladores de la ciudad arruinada y los de los Establecimiento Provisional. Pero ya no había vuelta atrás, las discusiones sobre el traslado llegaban a su fin y el proceso de  y el 29 de diciembre inició el éxodo hacia el valle de Las Vacas.    En este documento se lee que:

 El Rey. –Govor. y Capn. Gral. de las Prov. de Goathemala y Presidte. de mi RI. Auda. de ellas; en carta de 30 de Junio del año proximo pasdº. me informasteis con los Ministros, qe. entonces componían ese tribunal de las resultas qe. habían ofrecido, los Violentos, Extremosos, y repetidos terremotos, del dia 29 de Julio de 73, qe. continuaron y repitieron con la misma fuerza hasta el 14 de Disre. del propio año, acompañado quatro testimonios, y una relación impresa del deplorable estado á qe. se hallaba reducida la Capital, con sus edificios Publicos, y Particulares, de las desgracias, Calamidades,  nunca bien ponderadas desdichas qe. por todas partes afligian á los Moradores; de Gl. desorden qe. se había padecido,y probalemente continuaria, aun quando promptamte. Se constase por el modo pocible á remedio de tan Grande daño, de la imposibilidad de redificar los edifivios Publicos, y de particulares, el imponderable crecido costo qe. ofrecia esta dilatada operacion, de la qe. se había pulsado, y se adbertia con notoriedad de edificar la Ciud. en sus inmediatos, y reducidos Campos de la Comvte. Y precisa traslacion á ese espacioso, y ameno Valle, por naturaleza, como se habia pensado en los tiempos anteriores, en qe. sucedieron. Yguales temblores, y de los medios y adbitrios qe. se Consdieraban oportunos á presencia de las Cosas para el alivio y Consuelo en parte desgraciado, y disperso Pueblo con aquella preferencia atencion qe. merecian los Convts. de Religiosas, Comunidades, Obras pias, Capellanias, particulares, comercio y todo lo demás qe. comprendia la Ciud. Capital del Reyno, y finalmente de haberse acordado en barias Juntas celebradas, en el mes de Enero del citado año proximo pasado se hiciese la traslacion en el citio ó Valle de la Hermita, segun el dictamen Gral. de las Comunidades, Cuerpos, y diferentes particulares qe. concurrieron, lo qe. aprobaron los Ministros de esa Auda. en el Voto consultivo qe. dieron, y con qe. os conformasteis enteramente, y despues de referir los Pasajes ocurridos con el M. R. Arzobispo de esa Diocesis, con motivo de intentar qe. se fundase en el mismo Citio donde estubo la arruinada; concluisteis suplicandome fuese serbido tomar brebe resolucion  en el particular de la traslacion formal pr. interesarse en ella mi Rl. Servicio, y el beneplacito Publico, y particular de ese disperso Vecindario. Despues, otra carta de 13 de febrero de ese año disteis Vos qtª con testimonios de las nuebas diligs. qe. á Ynstancia del Fiscal Dn. Jph. Cistué se habian practicado para reconocer si el Llano de la Virgen era mas Convte. para la formal traslacion qe. el del rodeo, manifestando las Conocidas Grandes bentajas, qe. logra aquel para el deseado fin, y qe. era imposible pudiera verificarse en otro citio mas a proposito, segn. Lo tenian manifestado, y nuebamte. Los acreditaban los nuebos Oydores Dn… y Dn… en los informes qe. os dieren, y originales acompañabais qnes. despues de haber tomado la Correspte. Ynstruccion no tubieron mas tpº qe. para enterarse de lo preciso, y qe. pr. recienllegado á esas Provins. se les debia Considerar en mayor Grado de imparcialidad, en un asstº. en qe. estos Ministros, ni los demás, ni Vos mismo tubieseis otro objeto qe. el mejor servicio mio. Que abiais preparado todos los materiales haciendo las demas obras Indiferentes, qe. dijesen congruencia asi como el citio del Rodeo, como en el de la Virgen para dar principio à la Obra luego qe. os llegase la orn. en inteligencia de qe. si en Vrtd. de lo representado en la citada fha. de 30 de junio de 74 habia Elegido el citio del Rodeo suspendierais su Execucion, hasta qe. enterado Yo de lo ultimamte. ocurrido, y mejor Ynformado resolviese lo qe. fuere de mi Rl. agrado. Que llebado unicamte. de los dictamenes de buestra Conciencia del honor con qe. me sirbes, y del cumplimtº de Vuestra obligazn. jusgabais  qe. assi como indispensable la traslacion de la Ciud. tambien era no solo conbeniente sino preciso qe. se berificase en el llano de la Virgn. suplicandome tubiese a bien manifestar á los Mros. Dn. Mnl. Fernz. de Villanueba Dn…. Dn… qe. os abian auxiliado aber merecido mi Rl. aprovacion el travajo Celo, y Esmero con qe. se habian dedicado á llenar sus obligacions. en tan grave importantisimo asstº demostrando á el mismo tiempo haber merecido mi Rl. Gratitud la permanencia en ese Establecimtº Provisional, de los qe. habian seguido.Y bisto lo referido en mi Consejo de Yndias con otras quatro Cartas las dos Vuetras del 24 de Julio del Enunciado año proximo pasdº y 15 de Febro. del presente en qe. asi mismo disteis qtª (entre otras cosas) de lo gastado de mi Rl. Hazdª en la traslacion Provicionl. del citio de la Hermita y de los grabes daños qe. se seguian de demorarse la taralacion; y las otras dos una del Ayuntamtº del 1º de Dizre. del mismo año de 74 en que solicita qe, sin Embargo de lo mando por mi Rl. Cedula de 16 de Junio del propio año para qe. ninguno fabricase Casa en la arruinada Ciud., ni en el Ynterino Establecimtº no se Embarasase á los avitantes en ella hiciesen las qe. necesitasen del mjeor modo qe. para lo temporal, y Espiritual, les combiniese sin qe. para ello obstasen las probidencias de la formal traslación. Y la otra de mi actual Virrey de la Nueba España de 27 de Enrº del Crrte. año en qe. concequente de lo qe. se le ordeno pr. otra Rl. Cedula de igual fhª para qe. diese su aprovacion en las diligs. qe. le remitieseis relatibas al Citio Elegido para la Espresada formal traslacion de la Ciud. manifestó las poderosas razones qe. tubo para no Executarlo, y de lo qe. en Ynteligª Proal. y expuso mi fiscal y consultandome sobre en 28 de Junio ultimo he resuelto qe. la mencionada traslacion de la Ciud. se haga en el citio ó llano de la Virgn. segn. Habéis propuesto posteriormente, y ordenaros y mandaros (como lo Executo) deis las probidencias y disposiciones conveniens. para qe. desde luego se Empieze la citada traslacion segn. corresponda en inteligª de qe. por cedulas de la fhª de esta se participa esta mi Rl. resolucion para que su noticia y Govnº á esa Audª á los oficiales Rs. á el consejo Justª y regimtº de esa Ciud. y al M. R. Arzobispo de esa Diocesis y la de qe. mira á los medios, arbitrios y demas puntos qe. comprehende el proyecto quedo tambien en tomar resolucion y comunicárosla inmediatamente, por ser asi mi Voluntad y qe. de la presente se tome razon en la Enunciada Contaduria General, fhª en Sn. Yldefonso á 21 de Julio de 1775. – Yo El Rey[1]. 

    A continuación se celebró el último cabildo el 24 de diciembre de 1775 y el escribano José Manuel Laparte cerró el libro de cabildos de ese mismo año anotando “que todos los capitulares salieran el 29 de diciembre hacia La Ermita” (Pérez Valenzuela, 1984: 83) y, al mismo tiempo, se disolvía el Ayuntamiento de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Santiago de los Caballeros. Y, el lunes 1 de enero de 1776 en el valle de “Las Vacas” o de “La Ermita” se llevó a cabo la elección de alcaldes y, al día siguiente, martes 2 de enero, se realizó la primera Junta del Gobierno provisional a inmediaciones de la Ermita del Carmen, en cuyo templo se celebraron los solemnes oficios eclesiásticos a los que asistieron tanto las autoridades civiles y militares, como los vecinos que habían abandonado la antigua capital en ruinas y algunos residentes del lugar.

    En la misa, según el historiador Víctor Manuel Díaz (1912), endulzó los oídos de los vecinos la voz majestuosa del maestro Vicente Sáenz, acompañado de armónium. A continuación, en el rancho propiedad de don Francisco García a inmediaciones del Pueblo de la Asunción de Nuestra Señora o barrio “La Parroquia”, se realizó una reunión de cabildo por medio de la cual se dispuso crear una Junta Superior.


En este grabado se muestra el ranchón donde se firmó el acta de fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción y donde permaneció el Ayuntamiento durante unos días. (Dibujo de Carlos E. González en Pérez Valenzuela, 1970; 4).


    En la Junta del Cabildo del día 2 de enero, en acta, quedaron dispuestos los cargos del nuevo Ayuntamiento y se asentó lo siguiente:

Después de la invocación “Jesús, María y José”, se inicia la histórica acta que ha preservado los nombres de los miembros del Ayuntamiento, conforme lo asentara su Secretario don Joseph Antonio Laparte: En ese Establecimiento provisional de la Hermita a dos de enero de mil setecientos setentiseis años, juntos y congregados en un rancho, sitio en este mismo Establecimiento, a saber los Señores Alcaldes ordinarios por depósito de vara don Manuel de Batre Alcalde Real, y don Ventura de Nájera Regidor y los demás Señores don Basilio Vicente Romá, Alguacil Mayor, don Miguel de Coronado, Receptor de penas de Cámara, don Juna Fermín de Aycinena, Depositario General y don Felipe Manrique de Guzmán, en haz del Señor Síndico don Juan Antonio de la Peña, de orden del muy ilustre Señor Presidente Gobernador y Capitán General de este Reino, a fin de hacerse saber varias providencias de Gobierno. En efecto se hizo saber un auto en que a pedimento del Señor Fiscal y voto consultivo del Real Acuerdo, se manda que ninguno de los individuos que componen este noble Ayuntamiento salga de este Establecimiento; que nombre dos Regidores que corran con la introducción del agua, y fábrica de cañerías en la nueva Ciudad: otros dos para la providencia de víveres en ese Establecimiento y sitio donde se haya de plantar la nueva ciudad: otro precisamente para la provisión de carnes y otro para el aseo de calles de este mismo Establecimiento con otras providencias conducentes al efecto; de que enterado el cabildo pidió testimonios para cumplirlo y tenerlo presente.

Otro auto a fin de que se tenga el haberse declarado por el tribunal de Gobierno no deberse comprender para el abasto de carne doscientos novíos que el Reverendo Padre Prior de Santo Domingo ha destinado para bueyes y ha comprado y se tendrán en la presente feria de ganados, en que quedó impuesto.

A poco tiempo se le hizo saber auto del mismo Gobierno en que a pedimento del Señor Fiscal, se manda no se hable contra la traslación determinada por el Rey, ni providencias del Gobierno en el particular, declarándolos incursos en las penas establecidas por las leyes encargando su celo a los Señores Alcaldes por lo que toca a este establecimiento en cuya inteligencia dijeron cumplirían con lo mandado.

Juntamente se hizo saber estar mandado por otro auto del propio Gobierno cesarse en la administración de Justicia en este Establecimiento el Alcalde Mayor y su teniente y demás ministros quedando a cargo de los Señores Alcaldes ordinarios por lo que mira este establecimiento y sitio destinado para la nueva ciudad, encargándoles el mayor celo y cumplimiento de su obligación que dijeron sus ministros cumplirían.

Posteriormente se hizo saber otro auto para que el A. diese cuenta, como está mandado, de lo que es a su cargo, del Ramo de Propios, aguas y alcabalas de cuya providencia entendida pidió testimonio.

Últimamente a pedimento del Señor Fiscal que suponiendo se habría cumplido con lo mandado en orden a nombrar sujetos para los encargos referidos, ordena al cabildo el mismo Gobierno diese razón de los nombrados, y juntamente manda a nombre alarifes de su satisfacción y demás operarios para las fábricas propuestas de que así mismo pidió testimonio.

En consecuencia de los autos referidos, para cumplir con lo mandado en ellos y hacerlo con la mayor reflexión y conferencia lo que más convenga se acordó, pasasen los señores alcaldes a pedir venia al Señor Presidente para celebrar diariamente cabildo y a las horas que conviniese; y habiendo pasado con efecto, y hecho lo presente a su señoría dijo: que era conveniente lo pedido por el Ayuntamiento y desde luego accedió a su solicitud: en cuya inteligencia pusieron dichos S. S. al noble Ayuntamiento así mismo de acuerdo del mismo cabildo y con venia del Señor Presidente por los S. S. Alcaldes se determinó para que cumpliese el presente escribano con lo mandado antecedentemente el que pase a Guatemala a pasar los papeles del archivo de la ciudad y su oficio y los conduzca a este establecimiento con el mejor orden y seguridad.

Se acordó: que el maestro mayor de obras y fontanero Bernardo Ramírez se constituya en ese establecimiento con la mayor brevedad, a cuyo efecto el escribano de cabildo le haga saber esta determinación.

Se acordó: que para satisfacer a los puntos propuestos en los autos citados se hiciese consulta al muy I. S. Presidente exponiéndole todo lo que el A. tenga presente en el particular.

Y ya con esto, feneció el cabildo, se disolvió firmando sus alcaldes por ante mí, doy fé.– Manuel de Batrez. –Bentura de Nájera.–Basilio Vicente Romá—Miguel de Coronado.–Juan Fermín de Aycinena.–Felipe Manrique.–Nicolás Obregón.–Juan Antonio de la Peña.–José Manuel de la Parte.

    Desde entonces, quedó abolido el Pueblo de La Ermita en este valle, y tal como rezaba la Real Cédula dada en Aranjuez, emitida el 23 de mayo de 1776 y promulgada aquí el 22 de octubre de ese mismo año, mandaba bautizar a la ciudad que se fundó en este valle, como la “Nueva Guatemala de la Asunción, al mismo tiempo que se instruía que fueran abolidos todos los nombres y títulos que hasta esa fecha se habían usado aquí. Con estos actos se concretizó el traslado formal de la ciudad a este nuevo valle y, por lo tanto, también el de la Capitanía General del Reino de Guatemala, bajo la tutela y protección celestial de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción.




[1]     De una copia de esta cédula existente en el Archivo Colonial de Guatemala. Se conserva ortografía original.


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Fuente: ©Morales Barco, Frieda  Liliana. Capital de Guatemala, una ciudad viajera III. Caxlanas, 2025.     

terça-feira, 30 de dezembro de 2025

502: II. Ciudad de Guatemala: Capital viajera

Comienza el éxodo hacia el Valle de Las Vacas

Por Frieda Morales

Santiago de los Caballeros, capital del Reyno de Guatemala. Grabado 1829.


El aciago martes 29 de julio de 1773, Día de la Virgen de Santa Marta, fue una fecha que quedó marcada en la memoria de los moradores de la ciudad de Santiago de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala, y del de los pueblos circunvecinos en el valle de Panchoy. Justo a las tres y cuarenta y cinco minutos de la tarde, según informó el fraile dominico, Felipe Cadena[1], se sintió un fuerte sismo y diez minutos después, se produjo otro aún más fuerte, acompañado de retumbos y de réplicas de menor intensidad. En pocos segundos, el ambiente festivo cambió. Los vecinos y las autoridades entraron en pánico. Muchas personas corrían hacia la calle, sin rumbo; otros caían de rodillas, porque el movimiento no los dejaba estar en pie. Se escuchaban gritos, llantos y rezos implorando piedad al cielo y a la Divina Misericordia y, otro tanto, muy espantados, trataban de encontrar resguardo en las “tembloreras”. Pero, éstas tampoco eran seguras”. El temor aumentó cuando, como consecuencia del estrepitoso derrumbe de casas, templos, edificios, muros y por la caída de árboles, las calles fueron cubiertas por una gran nube de polvo, desorientando aún más a las personas. Para colmo, esa noche azotaron fuertes lluvias acompañadas de rayos y truenos. A la mañana siguiente, el panorama con el que se encontraron fue desolador. La situación era caótica y el terror se apresó de todos.

    El presidente don Martín de Mayorga, recién llegado al Reino un mes antes, estaba muy asustado, pero, a pesar de ello, tuvo la fortaleza para tomar las decisiones pertinentes al caso. De inmediato, ordenó la protección de las personas y que se velara por la seguridad de los caudales y organizó la vigilancia y la seguridad de la capital del Reino. Asimismo, como prevención sanitaria, encomendó la extracción de los cadáveres de entre los escombros para darles cristiana sepultura; también mandó resolver el abastecimiento de alimentos y planificar la limpieza de caminos. 

    Acto seguido, el 2 de agosto del mismo año, don Martín de Mayorga y las autoridades eclesiásticas, el contador de cuentas, oficiales reales, el fiscal interino, los alcaldes ordinarios y capitulares, así como muchos vecinos firmaron un documento en el que se notificaba a Su Majestad sobre la ruina de la ciudad. Dos días después, se convocó a una Junta en la Plaza Mayor y en ella, según el cronista Juan González Bustillo, Mayorga propuso la traslación de la ciudad hacia un paraje más seguro y no tan expuesto a tragedias naturales como la que habían experimentado. Esta medida se avaló con la declaración jurada del maestro de obras Bernardo Ramírez que certificó la total ruina de la ciudad. La moción se puso a votación y cada uno de los presentes expuso los motivos de su voto a favor o en contra.

    El día 5, Mayorga pidió que se buscase un nuevo sitio para la ciudad, al mismo tiempo que informaba que iba a solicitar el permiso a Su Majestad para el traslado a un sitio más seguro. Allí mismo, recomendaron el valle de Jalapa y el de Las Vacas, entre otros. Además, los vocales de la Junta opinaron que era conveniente trasladarse provisionalmente hacia el valle de Las Vacas. En otra reunión, se nombraron las comisiones de exploración y, al mismo tiempo, se solicitó al ingeniero Antonio Marín un informe detallado de la ruina de la ciudad y de conformidad con su dictamen se resolvería reedificar la ciudad o abandonarla. El 20 de agosto, Marín rindió informe a favor del traslado. Entre tanto, varias familias, por seguridad, dejaban la ciudad para establecerse en las cercanías de San Lucas Sacatepéquez y, otros como la familia Aycinena, se establecieron en Villa Nueva.

    Las comisiones de exploración salieron el 19 de agosto rumbo al valle del Jumay en Jalapa para reconocer el llano de San Antonio. Luego, siguieron para el valle de Las Vacas. En cada paraje entrevistaron a varios pobladores sobre el clima, los manantiales de agua, la fertilidad del suelo y, sobre todo, acerca de los temblores.

    Mientras, las comisiones estaban haciendo su trabajo, en la ciudad arruinada, el 28 y 29 de agosto, el volcán de Fuego se activó, produciendo erupciones y retumbos fuertes. Esta fue la gota de derramó el vaso de agua y a Mayorga le otorgó la certeza de que se debían ir. De esa forma, se cerró una época histórica (1542-1773) y se abrió un nuevo capítulo de la historia de la ciudad nómada, Santiago de los Caballeros de Goathemala, capital del Reino.

    Después de reconocer el valle de Jalapa, el 23 de septiembre de 1773, la comisión llegó al valle del Corregimiento Central y solicitaron testimonio de:

Don Manuel de Galisteo, justicia mayor del partido; el vecino don Manuel Montenegro, el ermitaño don Juan José Morales Ruiz y Alfarol, constructor de la capilla de Nuestra Señora del Carmen, en el cerrito (el hermano Juan tenía en ese tiempo setenta y cinco años); al mestizo Clemente Salas; al regidor don Juan José Solórzano, que informó sin juramento; y a los vecinos don José Arriaza, Bernabé Antonio Muñoz, Juan Basilio Muñoz, Lorenzo Solares y Francisco García. (Pérez Valenzuela, 1964: 132).

    Todos coincidieron en las bondades del clima, que favorecía una vida longeva y próspera. A ello, contribuía la corriente de los vientos, norte-sur, que evitaba la propagación de enfermedades. Con relación al abastecimiento del agua, el maestro Bernardo Ramírez llevó a cabo un acucioso estudio para buscar la forma de introducir el agua y concluyó que la del río “Pinula” era conveniente porque también recibía caudales de otros ríos, aunque recomendó que debiera emprenderse obra de infraestructura. Otros ríos que Ramírez reconoció fueron el de “Mixco”, “Concepción”, “Paconcha” y “Betlén” (Pérez Valenzuela, 1964).  

    Acerca de la fertilidad del suelo, los testigos declararon que era favorable para las cementeras y árboles frutales; asimismo, por sus abundantes bosques podía proveer de madera de calidad y otros materiales aptos para la construcción de viviendas y demás edificios. Antes de la tragedia, de este valle proveían de madera a la ciudad arruinada. Otros aspectos importantes, eran que muy cerca había Pueblos de Indios que contribuirían al abastecimiento de alimentos y mano de obra, así como las distancias que había desde allí hacia el Golfo y hacia los puertos de Sonsonate y Acajutla en la Provincia de El Salvador, favorecían el comercio marítimo.

    En el mismo estudio, se informó que por la extensión del valle del Corregimiento Central, era posible fundar nuevos Pueblos de Indios. Se levantó un plano que  abarcaba la siguiente extensión: 371 caballerías, 4 cuerdas, 4,375 varas cuadradas, que reducidas a leguas hacían 9 y 22 caballerías, 199 cuerdas y 4,375 varas superficiales.


Primer plano de reconocimiento del valle del Corregimiento Central, 1773. Archivo Espiscopal.


    En este plano señalaron los posibles parajes para concretar la traslación de la ciudad, en color rojo: El  llano de la finca “El Naranjo” o la hacienda “El Incienso”, hacia el oeste; en la medianía del valle, el llano de “El Rodeo”, donde se colocó una cruz y de “Piedra Parada”; los de “La Culebra”, “Hicancapié” o de “Lejarcia”, hacia el sur; y, en color verde, el valle de “Las Vacas”.  (Pérez Valenzuela, 1964; Polo Sifontes, 1970). A partir de aquí, no había vuelta atrás, a pesar de las discusiones y cruce de documentos entre las autoridades locales y la corona en ultramar. Finalmente, el 15 de enero de 1774, el Consejo de Indias, tras recibir los informes de los hechos sucedidos en la capital del Reino de Guatemala, aprobó el traslado provisional hacia el valle de “Las Vacas” o de “La Ermita”, localizado a nueve leguas de la devastada Capitanía General en el valle de Panchoy. Aunque con la advertencia que no se construyeran casas formales ahí y tampoco se reedificara en la ciudad arruinada.  

    En esa cédula, en el punto primero, decía que se debería comprar un terreno de dos a cuatro leguas cuadradas, de preferencia, en circunferencia, o que se acomodase de acuerdo a la capacidad que ofreciera el sitio elegido para la fundación de la ciudad: “Pueblos adyacentes a ella. Exidos, pastos y demás de su precisa dotación, y que se importe a que se ascendiere el Terreno, regulado a justa tassacion de Peritos, a y con respecto al valor que tenía antes de la destrucción de la Alcabala que yo tengo concedida pa. obras públicas sin exigir arbitrio alguno sobre Tierras (Pérez Valenzuela, 1964: 171. Se conserva redacción original)”. Los terrenos para las comunidades, iglesias matrices y filiales de la antigua ciudad se concedieron a forma gratuita. De igual forma se procedió con los terrenos otorgados a los vecinos. De esa cuenta en punto décimo se lee que:

Siguiendo este pensamiento tan conforme a la razón, según lo advertimos y al presente sistema se hace forzoso que la demarcación o delimitación de la Ciudad sea substancialmente la misma que tenía en Goathemala, con la circunstancia de dar más extensión a la Plaza Maior, Plazuelas y Calles y aun a algunas Manzanas o Quadras, como aquí se nombran, pues aunque la Plaza Principal es  bastante capaz, según se expresa en el Número primero de la razón de los templos, juzgamos que no debiéndose penzar en fabricar altas, ni en todo lo demas que ha sido el objeto de las maiores y considerables rentas, como son las Bovedas y demas semejantes, se hace forzoso dar más capacidad al Angulo que oicupaba el Real Palacio al de la catedral, con que se halla unido el de el Arzobispado, como también al del cabildo, pues los convenios y comunidades lograban comúnmente de suficientíssimo terreno, y en cualquiera evento, será fácil recomendárselo, por aquella parte que no ofrezca perjuicio a tercer. (He venido en aprobarlo). (Pérez Valenzuela, 1964: 175-176. Se conserva redacción original).

    El cumplimiento de estas ordenanzas se complicó. A la crisis se sumó una plaga de langostas que arrasó los cultivos, empeorando el abasto de alimentos y, para rebasar el vaso de agua, en la ciudad arruinada se propagó una peste de tifus transmitida por el piojo que se extendió por los pueblos de Sacatepéquez. Según consignaron algunos historiadores, ésta se propagó a través de la migración de gente pobre que había abandonado la ciudad y estaba hambrienta y sucia. De esa forma para evitar que la peste se propagara a más población, Mayorga ordenó formar una Junta de Sanidad compuesta por el doctor Ávalos y Porras, el bachiller Merlo y don José Flores. Así lo comunicaba al Ayuntamiento el 30 de abril de 1774. Sin embargo, no funcionó como se esperaba.

    Mayorga teniendo en sus manos los resultados del estudio, el 25 de febrero de 1775, ordenó de forma severa que, sin excusa ni pretexto, todos los pobladores de la ciudad arruinada debían trasladarse al nuevo valle y acondicionarse cerca del Establecimiento provisional en el Pueblo de La Ermita y, por lo tanto, quedaba prohibido (re)construir ranchos formales en la antigua ciudad, solo se permitían provisionales y de una pieza. 



[1]    Expediente número 1368, legajo número21, 1778. 


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Fuente: ©Morales Barco, Frieda  Liliana. Capital de Guatemala, una ciudad viajera II. Caxlanas, 2025.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        

domingo, 28 de dezembro de 2025

502: I. Capital de Guatemala, una ciudad viajera

Capital de Guatemala, una ciudad viajera 
(1524, 1527, 1543, 1776)

Por Frieda Morales

Lienzo de Quauhquechollan, conservado en el Museo Casa del Alfeñique, Puebla, México.

 (Restauración digital. Universidad Francisco Marroquín).


Los cronistas coloniales relatan que la fundación de la capital del Reino de Guatemala y sus tres traslados posteriores a diferentes sitios estuvo marcada por conflictos bélicos, pero, en especial, por tragedias naturales, como las erupciones volcánicas, tormentas, deslaves y terremotos. Lo que le valió el mote de “Ciudad viajera”. Su historia andarina comenzó el 25 de julio de 1524.

    El 15 de noviembre de 1523, el conquistador don Pedro de Alvarado, junto con su ejército español y aliados tlaxcaltecas, salió de Tenochtitlán rumbo al sur para tomar la ruta de los comerciantes del istmo de Tehuantepec hacia Soconusco y de ahí continuar hacia el sur para entrar al territorio guatemalteco por Xetulul Hunbatz (Zapotitlán, suchitepéquz). De aquí, se dirigió hacia Atitlán, Olintepeque, Quetzaltenango, donde se produjeron cruentas batallas bélicas por la resistencia que ofrecieron los pueblos indígenas y en uno de los enfrentamientos, según cuenta la leyenda, murió en combate Tecún Umán, príncipe k´iche´ a manos de Pedro de Alvarado.

    Alvarado ganó una a una y anexó las tierras conquistadas al patrimonio de Su Majestad, el rey de España. Estas hazañas, junto con las de su hermano Jorge de Alvarado, quedaron consignadas en el Lienzo de Quauhquechollan en el que se narra la historia de la ocupación que dibujaron artistas indígenas nahuas, los tracuiloque, que lo acompañaban.

    Tras penoso y fatigoso viaje y tras haber salido victorioso, el 11 de abril de 1524, Alvarado, junto con sus tropas y los indígenas tlaxcaltecas, ingresaron a la ciudad K´iche´ llamada Q´umarkaj, en las cercanías de la ciudad de Iximché, Tecpán-Quauhtemallan, Chimaltenango y capital del reino kaqchiquel, donde fueron bien recibidos por los reyes, quienes pronto se aliaron y les proporcionaron guerreros para colaborar en la conquistas de los demás pueblos mayas para someterlos. Pero, Alvarado temiendo una traición, detuvo en las cercanías del campamento del Príncipe Chicba.

Mapa de Qumarkaj (Catherwood, 1840).



    Alvarado regresó de Cuscatlán, El Salvador, el 22 de julio de 1524, después de cuarenta y cinco días de ausencia, eligió un sitio fértil y de clima bondadoso hacia el sur en el valle de Iximché para fundar en nombre del Rey, su Señor, la primera ciudad hispánica de Centro América, bajo la admonición del Apóstol Santiago y bendecida con una misa rezada por el presbítero Juan Godínez. Estos hechos fueron consignados por el escribano nombrado, Alonso de Reguera así: Libro de fundación de esta muy noble e muy leal cibdad de Santiago de los Caballeros de Guathemala y fundación della, que comenzó desde veinte e nueve días del mes de julio de mil e quinientos y veinte e cuatro años en adelante. Fecha que en el calendario maya kaqchiquel corresponde al 1 Q´at y en el gregoriano es un día lunes. Asimismo, en la segunda acta, que se redactó dos días después, consignó la institución del primer Ayuntamiento de Guatemala:

Después de lo susodicho, en la villa de Santiago a XXVII días del dicho mes de Julio del dicho año, por ante mi el dicho Alonso de Reguera escribano, los dichos señores alcaldes Diego de Roxas y Baltazar de Mendoza, y D. Pedro de Portocarrero Hernán Carrillo, y Juan Pérez Dardón y Domingo de Zubarrieta regidores, hoy dicho día miércoles entraron en su cabildo todos juntos, juntamente con el señor Teniente de Gobernador.

            Y ordenaron que por cuanto en esta villa hay mucha necesidad de un oficial pregonero, para la ejecución de la justicia y otras cosas necesarias, que sea elegido y eligieron por pregonero a Diego Díaz, estante en esta dicha villa, el cual es la persona más suficiente al dicho oficio que otra, y que le mandaban e mandaron que lo acepte y use, y que le darán su salario como es costumbre en las yslas.

            Otro si ordenaron y mandaron quel herrero desta villa lleve por cada ciento de clavos, dando el hierro para ello, dos pesos de oro, y que en las otras cosas que hiciere, se haya moderadamente en el llevar del precio, su pena.

            Otro si, que los herradores lleven por cada caballo que herráren de todos cuatro pies, dándoles el herraje, aunque sea por atarragar, un peso oro y al respeto: y por una sangría lleven un peso oro, so pena de pagar con el cuatro tanto lo que ansi lleváren demasiado, aplicada la metad para la cámara e fisco de su magestad y la otra metad para el juez que lo sentenciare. Y que en lo que las curas y otras cosas tocantes a su oficio, se hayan moderadamente en el llevar el precio. –Pedro de Albarado. –Diego de Roxas. –Baltasar de Mendoza, D. Pedro de Portocarrero. – Hernan Castillo. –Juan Pérez Dardon. –Domingo Zubiarreta.[1]

 

    Pero, conforme pasaban los días, los kaqchiqueles se mostraban inconformes con la ocupación de Iximché y con el insaciable apetito de Alvarado para enriquecerse, le llevó a cometer delitos de violencia y crueldad hacia la población indígena y, especialmente, a los reyes Belehé-Qat y Cahí-Imox. Esto provocó actos de insurrección que llevaron a que Alvarado tomara la decisión de quemar la ciudad, junto con sus reyes, y abandonarla.



Ciudad de Iximché. Croquis . (Fuentes y Guzmán, Antonio. Recordación Florida. Guatemala: José de Pineda Ibarra, 1979).


    Pedro de Alvarado retornó México y dejó a su hermano, Jorge de Alvarado, la tarea de buscar un nuevo sitio para el traslado de la ciudad. Pero esa tarea no fue fácil. Todavía sufrían ataques por parte de los cakchiqueles. Por esa razón, salió de Iximché y se trasladó cerca de San Juan Comalapa. Pero, esa fue una mala decisión. Este era territorio, también kaqchiquel, no era seguro. Hubo enfrentamientos con los castellanos, pero lograron controlarlos. Ante esto, Alvarado se trasladó al valle de Almolonga, donde hoy está San Miguelito, desde ahí mandó emisarios a buscar un nuevo sitio con mejores condiciones para trasladar la base de operaciones y establecer una ciudad permanente para ellos, los conquistadores. En el informe se recomendaban dos opciones, “El Tianguesillo”[2] en terrenos de Chimaltenango, próximo a El Tejar y el valle de Almolonga, donde ya se encontraba un grupo de españoles. Por el voto del Alcalde ordinario Gonzalo Dovalle y los Regidores don Pedro Portocarrero, Juan Pérez Dardón, Jorge de Acuña, Pedro de Cueto y Hernando de Alvarado, así como el capellán Juan Godínez y otros vecinos principales, al final, se eligió el sitio al pie del Volcán de Agua, en el valle de Almolonga.

  El éxodo de españoles comenzó de nuevo y el asentamiento se oficializó el 22 de noviembre de 1527 en el paraje llamado Bulbuxyá o Agua que brota, al pie del volcán de Agua. El capitán general, los alcaldes, los regidores, indígenas, esclavos y soldados se congregaron en una plaza provisional y levantaron un altar en honor a la Virgen del Socorro.

    A continuación, Jorge de Alvarado, hincándose, colocó un madero en el suelo, en señal de posesión y ratificó el patronato del Apóstol Santiago el mayor y la mandó trazar. Luego, se procedió a avecindar a los pobladores y a efectuar los repartimientos de tierras. Al mismo tiempo, la Corona autorizó la Gobernación de Guatemala y otorgó el nombre de Adelantado y Capitán General de la Provincia de Guatemala a Pedro de Alvarado, cuya jurisdicción comprendía Chiapas, Guatemala y El Salvador. 

  Este fue, también, el inicio de formación del Reino de Guatemala (1524-1821) y la institucionalización del sistema administrativo y poder político colonial en estas tierras. Se creó el Ayuntamiento, junto con esto, los cargos administrativos necesarios para el funcionamiento de la ciudad y validar el proceso de organización territorial por medio del repartimiento de tierras y de indígenas a los conquistadores, capitanes y soldados, que demandaban parte del botín y así, resolver las disputas que había sobre este asunto. Con estas medidas se selló la conquista de esta región y comenzó a construirse un entramado social y de relaciones entre españoles e indígenas. 


Mapa de Herrera, 1601, número 6. Madrid.


    Pedro de Alvarado regresó a Guatemala en 1530, pero no se quedó durante mucho tiempo porque continuó sus viajes de expedición y conquista hacia el sur del continente. Murió en 1541 dejando devastada a su viuda, doña Beatríz de la Cueva y ante la profunda tristeza, pintó su casa de negro en señal de luto. Pero, este suceso dejó acéfala la gobernación, por esa razón doña Beatríz de la Cueva se convirtió en la primera mujer en asumir la gobernación de una ciudad en el Nuevo Mundo. El mando lo compartió con su hermano Francisco. Ella recibió la vara de la justicia en nombre de Su Majestad y agregó a su nombre el de “La Sin Ventura”. Sin embargo, el ejercicio de su cargo se vio empañado por un desastre natural.  

    Catorce años después de haberse asentado en este valle de Almolonga, en la noche del sábado 10 de septiembre de 1541, la vida cotidiana de los vecinos fue interrumpida como consecuencia de una tragedia natural. Durante tres días llovió sin parar, se sentían fuertes temblores y para terminar de asustarlos, durante la tercera noche, a lo lejos, se escuchó un gran estruendo y, cada vez el ruido se sentía más y más cerca. Ese sonido era producido por la corriente de agua que bajaba del volcán con mucha fuerza, arrastrando consigo piedras, troncos de árboles y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. El agua, como una serpiente furiosa, rápidamente inundó las calles y las plazas, que hizo estremecer los cimientos de las casas. En vano, muchos vecinos corrían para resguardarse porque la fuerza del agua les impedía moverse de un lado a otro. En esta tragedia, muchos pobladores perdieron la vida, incluyendo a doña Beatriz de la Cueva, La “Sin Ventura”, y su séquito de damas. Los cronistas cuentan que, desde esa fecha, el Volcán de Agua perdió su figura cónica al formarse el cráter oblongo que ahora ostenta.

        Conforme los primeros rayos del sol anunciaban un nuevo día, los ojos de los vecinos sobrevivientes vieron a su alrededor una escena de tristeza y dolor. Una vez más, la zozobra asolaba a los pobladores. Pero, allí estaba el Obispo Francisco Marroquín, quien había llegado al Reyno de Guatemala por invitación de Pedro de Alvarado, para reconfortarlos espiritualmente y, al mismo tiempo, organizó comisiones para exhumar los cadáveres, velar por los heridos, buscar refugio seguro para los sobrevivientes, entre otras acciones.

    Acto seguido, los sobrevivientes se reunieron en la Catedral, que había quedado intacta, y realizaron una junta en la que eligieron al Obispo Marroquín y al licenciado Francisco de la Cueva para ejercer el gobierno civil provisional. Después de muchas discusiones, acordaron trasladarse hacia el valle que los indígenas llamaban Pancán o Panchoy y los españoles valle de Tuerto[3], localizado hacia el norte del de Almolonga, porque se pensó que en este último estarían más seguros. El nuevo paraje elegido poseía un clima agradable, estaba rodeado de cerros y de tres volcanes, Acatenango, Agua y Fuego, aunque éste último, a veces, por estar activo les diera algunos sustos, según ellos, no representaba un peligro inminente. Después de realizarse los estudios respectivos y las consultas reales, el 22 de noviembre de 1542 se hizo el trazo de la nueva ciudad, se concedieron terrenos a los vecinos y se señalaron los destinados para los edificios públicos, Catedral, conventos, plazas y calles. A la par, se restablecieron los servicios administrativos y de seguridad. Toda vez formalizado el establecimiento en este valle, el Cabildo en pleno ingresa a la ciudad y se celebra la primera junta el 10 de marzo de 1543. Por eso, esta fecha se toma como la de la fundación del tercer asentamiento y en junio, se ordenó que la ciudad se llamara Santiago de los Caballeros. A partir de aquí, poco a poco, se restableció la vida cotidiana en este nuevo asentamiento y los recuerdos tristes ocurridos en el Valle de Almolonga pronto se esfumaron.  

    Durante 232 años, la vida de la población de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Santiago de los Caballeros en el Valle de Panchoy transcurrió bien. Durante este tiempo, el desarrollo urbano, económico y cultural fue superior al de otras ciudades coloniales de la región. Pero, de nuevo, la paz de los pobladores se interrumpió de forma drástica, como consecuencia de otra tragedia natural, esta vez un terremoto de gran magnitud, ocurrido la fatídica tarde del martes 29 de julio de 1773. Este sismo, originó grandes estragos estructurales y pérdidas materiales, pero, afortunadamente, pocas víctimas humanas.

   Este hecho, embargó de temor a muchos vecinos y al recién llegado nuevo Capitán General, don Martín de Mayorga aún más que pronto sugirió el traslado de la ciudad a otro sitio más seguro. Pero, también, fue la ocasión propicia para otros que, aprovechando el temor de Mayorga y su inmediata reacción de irse del lugar, alentaron esa moción. Esto en parte, por los problemas económicos que tenían y porque representaba la oportunidad de resolverlos. De nuevo, había que llenar baúles y dirigirse a un nuevo asentamiento, el cuarto, en el valle de Las Vacas o de La Hermita, a 19 leguas del valle de Panchoy.

    El 6 de septiembre de 1773, don Martín de Mayorga partió hacia el Valle de Las Vacas, situado hacia el oriente a una distancia de 9 leguas (28 km en línea recta), dejando a muchos vecinos con gran zozobra por el futuro próximo y emitiendo las ordenanzas necesarias para iniciar el traslado. A su llegada: 

Habíase improvisado en la Ermita alojamiento para todas las dependencias del gobierno y para los funcionarios y empleados. El cabildo del pueblo poseía dos casas; una fue ocupada por la Audiencia y la otra se destinó para guarda de las reales cajas. Allí estuvieron la Audiencia y el Tesoro hasta el año de 1799 (mayo) en que se mudaron a la nueva capital –que ya en ese tiempo se levantaba en el contiguo Valle de la Virgen (Pérez Valenzuela, 1964: 89).

    Aunque en el valle de Panchoy, seguía temblando. Los sismos más fuertes se sintieron el 7 de septiembre y el 13 de diciembre de ese año y después de cinco meses de ocurrida la tragedia, para enero de 1774, todavía no se veía claramente que los vecinos quisieran mudarse de la ciudad arruinada hacia otro lugar y tener que empezar de nuevo. Por eso, a principios de enero, Mayorga convocó a una Junta General en la que amonestó que todos debían concurrir sin excusa ni pretexto. El día 10, convocó a otra junta para discutir dos puntos: 1) Convenir reedificar la ciudad o levantar una nueva, eligiendo uno de estos sitios, el Llano del Calvario, la Finca La Chácara o el Llano de Santa Lucía, ubicados hacia el sur de la ciudad arruinada; y 2) Trasladar la ciudad al Valle de Jalapa, o al de Las Vacas, cuyos estudios habían dictaminado eran los idóneos para el establecimiento de una ciudad. Mientras tanto, la comisión nombrada estaba realizando su trabajo de exploración y estudio de un sitio idóneo lejos del de la ciudad arruinada. 

    Pronto surgiría la NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCIÓN..., la cuarta capital del Reyno de Guatemala...




[1] Palabra híbrida hispano-mexicana, con sentido de mercado, cuya poca categoría se hace resaltar con el diminutivo castellano. (Libro Viejo de la Fundación de Guatemala, año 1524, SGHG, 1991: xxi).

[2] Barberena, Santiago I. Guatemala, ciudad trashumante. El Excélsior, año IV, número  2,311. Guatemala viernes 23 de julio de 1924, p. 1.

[3] La localización exacta de este Valle no se puede ubicar, pero se suele ubicarlo al oriente del centro urbano de Ciudad Vieja, en torno a San Miguel Escobar. En la discusión se le menciona como “el valle” o “este” Valle; que fue designado con el nombre, no muy sugerente, de Valle de Tuerto; sin que se pueda asegurar a quién o a qué se refería. Más presentable y eufónico es Almolonga, palabra que en el sentir de Fuentes y Guzmán significa “agua que brolla”, que añade su leve toque profético sobre la catástrofe que le esperaba. (Idem, 1991,: xxii).

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Fuente: ©Morales Barco, Frieda  Liliana. Capital de Guatemala, una ciudad viajera. Caxlanas, 2025.

segunda-feira, 17 de junho de 2024

SIGLO XX: José Batres Montúfar

Monumento a José Batres Montufar
Parque Santa Catarina, zona 1

Por Frieda Morales


Izquierda, arriba: Jardines del Teatro Colón (1908); derecha: Parque Concordia (1922). Abajo: Parque Santa Catarina, zona 1 (1983).

El busto en bronce del insigne escritor José Batres Montúfar, se mandó a hacer con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento, el 19 de enero de 1909. El mandato fue hecho por medio del Decreto número 668, dado en la ciudad de Guatemala el 21 de agosto de 1908 por el presidente Manuel Estrada Cabrera. Para el caso, se encargó el trabajo a los artistas plásticos Santiago González, Antonio Doninelli y Valentín Bressani

     También, se previó que el monumento se colocara en los jardines del Teatro Colón para que fuera contemplado por todos. En el pedestal, se grabó en una plancha de mármol uno de sus más famosos poemas: “Yo pienso en ti”. Y sobre él, fue colocado su busto.

    Pero debido a las secuelas provocados por los terremotos de 1917 y 1918, el monumento se dañó y tuvo que ser restaurado, asimismo, se autorizó su traslado el 30 de enero de 1922, según consta en la Memoria de Labores del Ministerio de Fomento de ese año y se mandó pagar a don Antonio Donninelli, la suma de $7,500 moneda nacional, valor cobrado por la colocación del busto de don José Batres Montufar en el parque “La Concordia”, actualmente parque “Enrique Gómez Carrillo”.  

  En este recinto, el monumento tampoco duró mucho tiempo. Ya que después de algunas remodelaciones y de la colocación del monumento al Príncipe de los Cronistas, Enrique Gómez Carrillo, en este parque, el busto de Batres Montúfar tuvo que ser trasladado al parque de “Santa Catarina” en 1983, que está situado en la esquina de la tercera avenida y quinta calle de la zona 1, frente al Conservatorio Nacional de Música.

    Como datos adicionales, se agrega que el 13 de octubre de 1966 se publicó un artículo en el que se menciona que el señor León Bilak, miembro de número de la Sociedad de Geografía e Historia, en aquel mismo año donaron a la Biblioteca Nacional un grupo de papeles que pertenecieron al poeta José Batres Montúfar. Entre ellos figuraban varias cartas enviadas desde Nicaragua, así como una invaluable pieza literaria, el original del inmortal poema “Yo pienso en ti”. En 1991, la señora Carmen Rodríguez Beteta donó una replica del busto a la Hemeroteca Nacional de Guatemala “Clemente Marroquín Rojas”, donde está colocado en un sitial de honor. Otra réplica del busto fue colocada en el Congreso Nacional.

    Es lamentable que por el descuido de las autoridades municipales y por las del patrimonio nacional, este monumento haya sido robado por personas inescrupulosas que se dedican al reciclado de metales. Ahora, solo quedan las fotografías...

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Fuente: Morales Barco, Frieda Liliana. Monumento a José Batres Montúfar. Guatemala: Caxlanas, 2024.


sábado, 18 de maio de 2024

SIGLO XX: Monumento a La Fama

Monumento de la Fama o del Ángel
Hoy, Plaza de La República, zona 4

Por Frieda Morales

Izquierda: Vista panorámica del monumento en 1912. Derecha: Monumento a La Fama.

    El “Monumento a La Fama o Del Ángel” fue un proyecto escultórico realizado por el arquitecto Luis A. Fontaine para perpetuar el recuerdo de la inauguración del Ferrocarril Interoceánico de Guatemala en 1912 y se mandó erigir por decreto gubernativo número 678.

    El monumento se colocó en un espacio verde que servía  para el entretenimiento y solaz esparcimiento de los vecinos de la ciudad capital y, en especial, los del Cantón de “La Exposición” –actualmente zona 4 y en lo que hoy se conoce como la rotonda de la 7ª avenida sur, frente al Banco Industrial.

    Fontaine, con su escultura, trató de unir a la naturaleza representada por un peñasco de rocas amontonadas a los progresos de la civilización y dejar formado en el conjunto una obra espléndidamente emblemática. Constaba de blocs de roca granítica rústicos, y algunos de ellos de más de tres metros cúbicos de volumen. Tenía doce metros de altura sobre cimientos de seis metros de profundidad y pesaba más de seiscientas (600) toneladas métricas.

    Alrededor de él, se construyó una pequeña fuente con capacidad para contener más de cincuenta metros cúbicos. Las gradas y la orilla de la pila fueon hechas de piedra volcánica

    También se colocaron cuatro estaturas alegóricas hechas de lámina de cobre, de treinta y dos onzas cada una, bronceado antiguo, que representaban, de arriba abajo a los dioses de La fama, mercurio, la agricultura y Vulcano. La construcción duró catorce meses.

    Lamentablemente, el monumento se cayó durante los terremotos de 1917-18 y las piezas que lo componían quedaron abandonadas durante mucho tiempo. 


Vista de estatuas de los dioses abandonadas en un terreno baldío después de los terremotos de 1917-1918.
Fotografía publicada en el Diario El Liberal Progresista, 1939.

    Las autoridades del Ayuntamiento prometieron que el monumento sería reconstruido en un sitio más adecuado, pero nunca esto no se cumplió y solamente fue rescatada una de las estatuas, la de la diosa de La Fama, porque el Secretario del Colegio de Infantes, hoy Liceo Guatemala, solicitó al Concejo Municipal la donación de la misma para colocarla sobre la torre de la capilla del centro educativo, que medía 35 metros de altura y, de esa forma, serviría de ornato para el colegio y la ciudad. El Concejo, en sesión ordinaria del 26 de abril de 1956 accedió a la petición.

    Los sacerdotes maristas encargaron al escultor Tinetti que retirara la trompeta y en su lugar colocara una antorcha y que se retiraran los senos de la figura femenina. De esa forma, la Diosa se transformó en un Ángel. 

Vista de la Diosa de La Fama transforma en Ángel (izquierda: 1956; derecha: 1976) 

    Durante el terremoto del 4 de febrero de 1976, la estatua se cayó, pero no sufrió mucho daño. Luego, fue recolocada en la parte más alta del edificio del colegio donde todavía se observa hasta hoy.

    El antiguo lugar ocupado por el monumento a La Fama fue transformado en la “Plazuela Once de marzo”, por acuerdo municipal en 1921. Esto como un homenaje para rememorar los actos cívicos y heroicos acaecidos con motivo del derrocamiento del gobierno dirigido por el presidente Estrada Cabrera en 1920. Desde entonces, hasta el años 2007, el único vestigio que quedó de la “Plazuela 11 de Marzo” fue una placa conmemorativa situada a un costado del Parabus de la 7ª avenida, Ruta 5 y Vía 6, zona 4, que rezaba lo siguiente:



    Casi cien años después de la creación de esta plaza, los personeros de la Municipalidad de Guatemala proyectaron la construcción de la Plaza de la República en forma de rotonda y en el centro se colocó una escultura realizada por el artista plástico, Max Leiva. Fue inaugurada el 10 de julio de 2009, proyecto que, además, formó parte del proyecto urbanístico conocido como “Corredor Central Aurora-Cañas” que impulsó la comuna capitalina.

    Al norte de la plaza se construyó una estación de Transmetro para el eje hacia el sur de la ciudad y asimismo, con este proyecto se contribuye al remozamiento de las áreas verdes y recreativas del Cantón de “La Exposición”, zona 4 y del espacio cultural conocido como 4º Norte. Conjuntamente a este, se construyó un parqueo subterráneo público, que funciona desde enero de 2009, en horario de 7:00 horas a 22:00 horas.

Plaza de La República y monumento de Max Leiva.


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Fuente: Morales Barco, Frieda Liliana. Monumento a La Fama, zona 4. Guatemala: Caxlanas, 2024.

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NOTA: Se agradecen comentarios.