Real Cédula del Rey Felipe II concediendo a Guatemala el título de Muy Noble y Muy Leal
Por Frieda Morales
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Fuente: ©Morales Barco, Frieda Liliana. Real Cédula de Feiipe II. Caxlanas, 2025.
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Real Cédula del Rey Felipe II concediendo a Guatemala el título de Muy Noble y Muy Leal
Por Frieda Morales
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Fuente: ©Morales Barco, Frieda Liliana. Real Cédula de Feiipe II. Caxlanas, 2025.
Nace la Nueva Guatemala de la Asunción
Por Frieda Morales
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| Cerrito de la Hermita de Nuestra Señora del Carmen. (Grabado en el libro "Guatemala the Land of Quetzal de William T. Bringham). |
En medio de esta crisis, el 16 de junio de 1774, se
recibió una cédula real de Su Majestad El Rey Carlos III, donde se indicaba su
aprobación de las diligencias tomadas por el Presidente Mayorga y manifestando
su satisfacción por la traslación hacia el Establecimiento provisional en el
valle de La Ermita situado en el Valle del Corregimiento Central. Este sitio, en
la actualidad, se localizaba entre el barrio de “La Parroquia” y Cerrito del
Carmen
Desde el día que el Presidente Mayorga salió de la
ciudad arruinada hacia el valle de La Ermita, hubo un sinfín de cruce de cartas
entre el Reino de Guatemala y la corona en ultramar para solucionar este
entuerto de la traslación o no de la ciudad. Hasta que al el 1 de diciembre de 1775, se comienza a ver más luz para una
solución positiva. En esa fecha, se recibió en el correo procedente de México, la
respuesta del Rey por medio de la cédula real emitida el 21 de julio de ese
año, librada en San Ildelfonso y signada por el rey Carlos III, por medio de la
cual se ordenaba la traslación y fundación formal de la ciudad en el valle de “Las
Vacas” o de “La Ermita”. En ella se aprobaba el traslado formal al valle de Las
Vacas. La noticia causó revuelo entre los pobladores de la ciudad arruinada y
los de los Establecimiento Provisional. Pero ya no había vuelta atrás, las
discusiones sobre el traslado llegaban a su fin y el proceso de y el 29 de diciembre inició el éxodo hacia el
valle de Las Vacas. En este documento
se lee que:
El Rey. –Govor. y Capn. Gral. de las Prov. de Goathemala y Presidte.
de mi RI. Auda. de ellas; en carta de 30 de Junio del año proximo pasdº. me
informasteis con los Ministros, qe. entonces componían ese tribunal de las
resultas qe. habían ofrecido, los Violentos, Extremosos, y repetidos
terremotos, del dia 29 de Julio de 73, qe. continuaron y repitieron con la
misma fuerza hasta el 14 de Disre. del propio año, acompañado quatro
testimonios, y una relación impresa del deplorable estado á qe. se hallaba
reducida la Capital, con sus edificios Publicos, y Particulares, de las
desgracias, Calamidades, nunca bien
ponderadas desdichas qe. por todas partes afligian á los Moradores; de Gl.
desorden qe. se había padecido,y probalemente continuaria, aun quando
promptamte. Se constase por el modo pocible á remedio de tan Grande daño, de la
imposibilidad de redificar los edifivios Publicos, y de particulares, el
imponderable crecido costo qe. ofrecia esta dilatada operacion, de la qe. se
había pulsado, y se adbertia con notoriedad de edificar la Ciud. en sus
inmediatos, y reducidos Campos de la Comvte. Y precisa traslacion á ese
espacioso, y ameno Valle, por naturaleza, como se habia pensado en los tiempos
anteriores, en qe. sucedieron. Yguales temblores, y de los medios y adbitrios
qe. se Consdieraban oportunos á presencia de las Cosas para el alivio y
Consuelo en parte desgraciado, y disperso Pueblo con aquella preferencia
atencion qe. merecian los Convts. de Religiosas, Comunidades, Obras pias,
Capellanias, particulares, comercio y todo lo demás qe. comprendia la Ciud.
Capital del Reyno, y finalmente de haberse acordado en barias Juntas
celebradas, en el mes de Enero del citado año proximo pasado se hiciese la
traslacion en el citio ó Valle de la Hermita, segun el dictamen Gral. de las
Comunidades, Cuerpos, y diferentes particulares qe. concurrieron, lo qe.
aprobaron los Ministros de esa Auda. en el Voto consultivo qe. dieron, y con
qe. os conformasteis enteramente, y despues de referir los Pasajes ocurridos
con el M. R. Arzobispo de esa Diocesis, con motivo de intentar qe. se fundase
en el mismo Citio donde estubo la arruinada; concluisteis suplicandome fuese
serbido tomar brebe resolucion en el
particular de la traslacion formal pr. interesarse en ella mi Rl. Servicio, y
el beneplacito Publico, y particular de ese disperso Vecindario. Despues, otra
carta de 13 de febrero de ese año disteis Vos qtª con testimonios de las nuebas
diligs. qe. á Ynstancia del Fiscal Dn. Jph. Cistué se habian practicado para
reconocer si el Llano de la Virgen era mas Convte. para la formal traslacion qe.
el del rodeo, manifestando las Conocidas Grandes bentajas, qe. logra aquel para
el deseado fin, y qe. era imposible pudiera verificarse en otro citio mas a
proposito, segn. Lo tenian manifestado, y nuebamte. Los acreditaban los nuebos
Oydores Dn… y Dn… en los informes qe. os dieren, y originales acompañabais
qnes. despues de haber tomado la Correspte. Ynstruccion no tubieron mas tpº qe.
para enterarse de lo preciso, y qe. pr. recienllegado á esas Provins. se les
debia Considerar en mayor Grado de imparcialidad, en un asstº. en qe. estos
Ministros, ni los demás, ni Vos mismo tubieseis otro objeto qe. el mejor
servicio mio. Que abiais preparado todos los materiales haciendo las demas
obras Indiferentes, qe. dijesen congruencia asi como el citio del Rodeo, como
en el de la Virgen para dar principio à la Obra luego qe. os llegase la orn. en
inteligencia de qe. si en Vrtd. de lo representado en la citada fha. de 30 de
junio de 74 habia Elegido el citio del Rodeo suspendierais su Execucion, hasta
qe. enterado Yo de lo ultimamte. ocurrido, y mejor Ynformado resolviese lo qe.
fuere de mi Rl. agrado. Que llebado unicamte. de los dictamenes de buestra
Conciencia del honor con qe. me sirbes, y del cumplimtº de Vuestra obligazn.
jusgabais qe. assi como indispensable la
traslacion de la Ciud. tambien era no solo conbeniente sino preciso qe. se berificase
en el llano de la Virgn. suplicandome tubiese a bien manifestar á los Mros. Dn.
Mnl. Fernz. de Villanueba Dn…. Dn… qe. os abian auxiliado aber merecido mi Rl.
aprovacion el travajo Celo, y Esmero con qe. se habian dedicado á llenar sus
obligacions. en tan grave importantisimo asstº demostrando á el mismo tiempo
haber merecido mi Rl. Gratitud la permanencia en ese Establecimtº Provisional,
de los qe. habian seguido.Y bisto lo referido en mi Consejo de Yndias con otras
quatro Cartas las dos Vuetras del 24 de Julio del Enunciado año proximo pasdº y
15 de Febro. del presente en qe. asi mismo disteis qtª (entre otras cosas) de
lo gastado de mi Rl. Hazdª en la traslacion Provicionl. del citio de la Hermita
y de los grabes daños qe. se seguian de demorarse la taralacion; y las otras
dos una del Ayuntamtº del 1º de Dizre. del mismo año de 74 en que solicita qe,
sin Embargo de lo mando por mi Rl. Cedula de 16 de Junio del propio año para
qe. ninguno fabricase Casa en la arruinada Ciud., ni en el Ynterino
Establecimtº no se Embarasase á los avitantes en ella hiciesen las qe.
necesitasen del mjeor modo qe. para lo temporal, y Espiritual, les combiniese
sin qe. para ello obstasen las probidencias de la formal traslación. Y la otra
de mi actual Virrey de la Nueba España de 27 de Enrº del Crrte. año en qe.
concequente de lo qe. se le ordeno pr. otra Rl. Cedula de igual fhª para qe.
diese su aprovacion en las diligs. qe. le remitieseis relatibas al Citio
Elegido para la Espresada formal traslacion de la Ciud. manifestó las poderosas
razones qe. tubo para no Executarlo, y de lo qe. en Ynteligª Proal. y expuso mi
fiscal y consultandome sobre en 28 de Junio ultimo he resuelto qe. la mencionada
traslacion de la Ciud. se haga en el citio ó llano de la Virgn. segn. Habéis
propuesto posteriormente, y ordenaros y mandaros (como lo Executo) deis las
probidencias y disposiciones conveniens. para qe. desde luego se Empieze la
citada traslacion segn. corresponda en inteligª de qe. por cedulas de la fhª de
esta se participa esta mi Rl. resolucion para que su noticia y Govnº á esa Audª
á los oficiales Rs. á el consejo Justª y regimtº de esa Ciud. y al M. R.
Arzobispo de esa Diocesis y la de qe. mira á los medios, arbitrios y demas
puntos qe. comprehende el proyecto quedo tambien en tomar resolucion y
comunicárosla inmediatamente, por ser asi mi Voluntad y qe. de la presente se
tome razon en la Enunciada Contaduria General, fhª en Sn. Yldefonso á 21 de Julio
de 1775. – Yo El Rey[1].
A
continuación se celebró el último cabildo el 24 de diciembre de 1775 y el
escribano José Manuel Laparte cerró el libro de cabildos de ese mismo año
anotando “que todos los capitulares
salieran el 29 de diciembre hacia La Ermita” (Pérez Valenzuela, 1984: 83) y,
al mismo tiempo, se disolvía el Ayuntamiento de la Muy Noble y Muy Leal ciudad
de Santiago de los Caballeros. Y, el lunes 1 de enero de 1776 en el valle de “Las
Vacas” o de “La Ermita” se llevó a cabo la elección de alcaldes y, al día siguiente,
martes 2 de enero, se realizó la primera Junta del Gobierno provisional a
inmediaciones de la Ermita del Carmen, en cuyo templo se celebraron los
solemnes oficios eclesiásticos a los que asistieron tanto las autoridades
civiles y militares, como los vecinos que habían abandonado la antigua capital
en ruinas y algunos residentes del lugar.
En
la misa, según el historiador Víctor Manuel Díaz (1912), endulzó los oídos de
los vecinos la voz majestuosa del maestro Vicente Sáenz, acompañado de
armónium. A continuación, en el rancho propiedad de don Francisco García a
inmediaciones del Pueblo de la Asunción de Nuestra Señora o barrio “La
Parroquia”, se realizó una reunión de cabildo por medio de la cual se dispuso
crear una Junta Superior.
En
la Junta del Cabildo del día 2 de enero, en acta, quedaron dispuestos los
cargos del nuevo Ayuntamiento y se asentó lo siguiente:
Después
de la invocación “Jesús, María y José”, se inicia la histórica acta que ha
preservado los nombres de los miembros del Ayuntamiento, conforme lo asentara
su Secretario don Joseph Antonio Laparte: En ese Establecimiento provisional de
la Hermita a dos de enero de mil setecientos setentiseis años, juntos y
congregados en un rancho, sitio en este mismo Establecimiento, a saber los
Señores Alcaldes ordinarios por depósito de vara don Manuel de Batre Alcalde
Real, y don Ventura de Nájera Regidor y los demás Señores don Basilio Vicente
Romá, Alguacil Mayor, don Miguel de Coronado, Receptor de penas de Cámara, don
Juna Fermín de Aycinena, Depositario General y don Felipe Manrique de Guzmán,
en haz del Señor Síndico don Juan Antonio de la Peña, de orden del muy ilustre
Señor Presidente Gobernador y Capitán General de este Reino, a fin de hacerse
saber varias providencias de Gobierno. En efecto se hizo saber un auto en que a
pedimento del Señor Fiscal y voto consultivo del Real Acuerdo, se manda que
ninguno de los individuos que componen este noble Ayuntamiento salga de este
Establecimiento; que nombre dos Regidores que corran con la introducción del
agua, y fábrica de cañerías en la nueva Ciudad: otros dos para la providencia
de víveres en ese Establecimiento y sitio donde se haya de plantar la nueva
ciudad: otro precisamente para la provisión de carnes y otro para el aseo de
calles de este mismo Establecimiento con otras providencias conducentes al
efecto; de que enterado el cabildo pidió testimonios para cumplirlo y tenerlo
presente.
Otro auto a fin de que se tenga el haberse declarado por el
tribunal de Gobierno no deberse comprender para el abasto de carne doscientos
novíos que el Reverendo Padre Prior de Santo Domingo ha destinado para bueyes y
ha comprado y se tendrán en la presente feria de ganados, en que quedó
impuesto.
A poco tiempo se le hizo saber auto del mismo Gobierno en
que a pedimento del Señor Fiscal, se manda no se hable contra la traslación
determinada por el Rey, ni providencias del Gobierno en el particular,
declarándolos incursos en las penas establecidas por las leyes encargando su
celo a los Señores Alcaldes por lo que toca a este establecimiento en cuya
inteligencia dijeron cumplirían con lo mandado.
Juntamente se hizo saber estar mandado por otro auto del
propio Gobierno cesarse en la administración de Justicia en este
Establecimiento el Alcalde Mayor y su teniente y demás ministros quedando a
cargo de los Señores Alcaldes ordinarios por lo que mira este establecimiento y
sitio destinado para la nueva ciudad, encargándoles el mayor celo y
cumplimiento de su obligación que dijeron sus ministros cumplirían.
Posteriormente se hizo saber otro auto para que el A. diese
cuenta, como está mandado, de lo que es a su cargo, del Ramo de Propios, aguas
y alcabalas de cuya providencia entendida pidió testimonio.
Últimamente a pedimento del Señor Fiscal que suponiendo se
habría cumplido con lo mandado en orden a nombrar sujetos para los encargos
referidos, ordena al cabildo el mismo Gobierno diese razón de los nombrados, y
juntamente manda a nombre alarifes de su satisfacción y demás operarios para
las fábricas propuestas de que así mismo pidió testimonio.
En consecuencia de los autos referidos, para cumplir con lo
mandado en ellos y hacerlo con la mayor reflexión y conferencia lo que más
convenga se acordó, pasasen los señores alcaldes a pedir venia al Señor
Presidente para celebrar diariamente cabildo y a las horas que conviniese; y
habiendo pasado con efecto, y hecho lo presente a su señoría dijo: que era
conveniente lo pedido por el Ayuntamiento y desde luego accedió a su solicitud:
en cuya inteligencia pusieron dichos S. S. al noble Ayuntamiento así mismo de
acuerdo del mismo cabildo y con venia del Señor Presidente por los S. S.
Alcaldes se determinó para que cumpliese el presente escribano con lo mandado
antecedentemente el que pase a Guatemala a pasar los papeles del archivo de la
ciudad y su oficio y los conduzca a este establecimiento con el mejor orden y
seguridad.
Se acordó: que el maestro mayor de obras y fontanero
Bernardo Ramírez se constituya en ese establecimiento con la mayor brevedad, a
cuyo efecto el escribano de cabildo le haga saber esta determinación.
Se acordó: que para satisfacer a los puntos propuestos en
los autos citados se hiciese consulta al muy I. S. Presidente exponiéndole todo
lo que el A. tenga presente en el particular.
Y
ya con esto, feneció el cabildo, se disolvió firmando sus alcaldes por ante mí,
doy fé.– Manuel de Batrez. –Bentura de Nájera.–Basilio Vicente Romá—Miguel de
Coronado.–Juan Fermín de Aycinena.–Felipe Manrique.–Nicolás Obregón.–Juan
Antonio de la Peña.–José Manuel de la Parte.
Desde
entonces, quedó abolido el Pueblo de La Ermita en este valle, y tal como rezaba
la Real Cédula dada en Aranjuez, emitida el 23 de mayo de 1776 y promulgada
aquí el 22 de octubre de ese mismo año, mandaba bautizar a la ciudad que se
fundó en este valle, como la “Nueva
Guatemala de la Asunción”, al
mismo tiempo que se instruía que fueran abolidos todos los nombres y títulos
que hasta esa fecha se habían usado aquí. Con estos actos se concretizó el
traslado formal de la ciudad a este nuevo valle y, por lo tanto, también el de
la Capitanía General del Reino de Guatemala, bajo la tutela y protección
celestial de la Virgen de Nuestra Señora de la Asunción.
[1] De una copia de esta cédula existente en el
Archivo Colonial de Guatemala. Se conserva ortografía original.
Comienza el éxodo hacia el Valle de Las Vacas
Por Frieda Morales
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Santiago
de los Caballeros, capital del Reyno de Guatemala. Grabado 1829. |
El
aciago martes 29 de julio de 1773, Día de la Virgen de Santa Marta, fue una
fecha que quedó marcada en la memoria de los moradores de la ciudad de Santiago
de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala, y del de los pueblos circunvecinos
en el valle de Panchoy. Justo a las tres y cuarenta y cinco minutos de la
tarde, según informó el fraile dominico, Felipe Cadena[1],
se sintió un fuerte sismo y diez minutos después, se produjo otro aún más
fuerte, acompañado de retumbos y de réplicas de menor intensidad. En pocos
segundos, el ambiente festivo cambió. Los vecinos y las autoridades entraron en
pánico. Muchas personas corrían hacia la calle, sin rumbo; otros caían de
rodillas, porque el movimiento no los dejaba estar en pie. Se escuchaban
gritos, llantos y rezos implorando piedad al cielo y a la Divina Misericordia
y, otro tanto, muy espantados, trataban de encontrar resguardo en las
“tembloreras”. Pero, éstas tampoco eran seguras”. El temor aumentó cuando, como
consecuencia del estrepitoso derrumbe de casas, templos, edificios, muros y por
la caída de árboles, las calles fueron cubiertas por una gran nube de polvo,
desorientando aún más a las personas. Para colmo, esa noche azotaron fuertes
lluvias acompañadas de rayos y truenos. A la mañana siguiente, el panorama con
el que se encontraron fue desolador. La situación era caótica y el terror se
apresó de todos.
El presidente don Martín de Mayorga, recién llegado al Reino un mes antes, estaba muy asustado, pero, a pesar de ello, tuvo la fortaleza para tomar las decisiones pertinentes al caso. De inmediato, ordenó la protección de las personas y que se velara por la seguridad de los caudales y organizó la vigilancia y la seguridad de la capital del Reino. Asimismo, como prevención sanitaria, encomendó la extracción de los cadáveres de entre los escombros para darles cristiana sepultura; también mandó resolver el abastecimiento de alimentos y planificar la limpieza de caminos.
Acto seguido, el 2 de agosto del mismo año, don Martín de Mayorga y las autoridades eclesiásticas, el contador de cuentas, oficiales reales, el fiscal interino, los alcaldes ordinarios y capitulares, así como muchos vecinos firmaron un documento en el que se notificaba a Su Majestad sobre la ruina de la ciudad. Dos días después, se convocó a una Junta en la Plaza Mayor y en ella, según el cronista Juan González Bustillo, Mayorga propuso la traslación de la ciudad hacia un paraje más seguro y no tan expuesto a tragedias naturales como la que habían experimentado. Esta medida se avaló con la declaración jurada del maestro de obras Bernardo Ramírez que certificó la total ruina de la ciudad. La moción se puso a votación y cada uno de los presentes expuso los motivos de su voto a favor o en contra.
El día 5, Mayorga pidió que se buscase
un nuevo sitio para la ciudad, al mismo tiempo que informaba que iba a solicitar
el permiso a Su Majestad para el traslado a un sitio más seguro. Allí mismo,
recomendaron el valle de Jalapa y el de Las Vacas, entre otros. Además, los
vocales de la Junta opinaron que era conveniente trasladarse provisionalmente
hacia el valle de Las Vacas. En otra reunión, se nombraron las comisiones de
exploración y, al mismo tiempo, se solicitó al ingeniero Antonio Marín un
informe detallado de la ruina de la ciudad y de conformidad con su dictamen se
resolvería reedificar la ciudad o abandonarla. El 20 de agosto, Marín rindió
informe a favor del traslado. Entre tanto, varias familias, por seguridad,
dejaban la ciudad para establecerse en las cercanías de San Lucas Sacatepéquez
y, otros como la familia Aycinena, se establecieron en Villa Nueva.
Las comisiones de exploración
salieron el 19 de agosto rumbo al valle del Jumay en Jalapa para reconocer el
llano de San Antonio. Luego, siguieron para el valle de Las Vacas. En cada
paraje entrevistaron a varios pobladores sobre el clima, los manantiales de
agua, la fertilidad del suelo y, sobre todo, acerca de los temblores.
Mientras,
las comisiones estaban haciendo su trabajo, en la ciudad arruinada, el 28 y 29
de agosto, el volcán de Fuego se activó, produciendo erupciones y retumbos
fuertes. Esta fue la gota de derramó el vaso de agua y a Mayorga le otorgó la
certeza de que se debían ir. De esa forma, se cerró una época histórica
(1542-1773) y se abrió un nuevo capítulo de la historia de la ciudad nómada,
Santiago de los Caballeros de Goathemala, capital del Reino.
Después de reconocer el valle de
Jalapa, el 23 de septiembre de 1773, la comisión llegó al valle del Corregimiento
Central y solicitaron testimonio de:
Don Manuel de Galisteo, justicia mayor del partido; el
vecino don Manuel Montenegro, el ermitaño don Juan José Morales Ruiz y Alfarol,
constructor de la capilla de Nuestra Señora del Carmen, en el cerrito (el
hermano Juan tenía en ese tiempo setenta y cinco años); al mestizo Clemente
Salas; al regidor don Juan José Solórzano, que informó sin juramento; y a los
vecinos don José Arriaza, Bernabé Antonio Muñoz, Juan Basilio Muñoz, Lorenzo
Solares y Francisco García. (Pérez Valenzuela, 1964: 132).
Todos coincidieron en las bondades
del clima, que favorecía una vida longeva y próspera. A ello, contribuía la
corriente de los vientos, norte-sur, que evitaba la propagación de
enfermedades. Con relación al abastecimiento del agua, el maestro Bernardo
Ramírez llevó a cabo un acucioso estudio para buscar la forma de introducir el
agua y concluyó que la del río “Pinula” era conveniente porque también recibía
caudales de otros ríos, aunque recomendó que debiera emprenderse obra de
infraestructura. Otros ríos que Ramírez reconoció fueron el de “Mixco”, “Concepción”,
“Paconcha” y “Betlén” (Pérez Valenzuela, 1964).
Acerca de la fertilidad del suelo,
los testigos declararon que era favorable para las cementeras y árboles
frutales; asimismo, por sus abundantes bosques podía proveer de madera de
calidad y otros materiales aptos para la construcción de viviendas y demás edificios.
Antes de la tragedia, de este valle proveían de madera a la ciudad arruinada. Otros
aspectos importantes, eran que muy cerca había Pueblos de Indios que
contribuirían al abastecimiento de alimentos y mano de obra, así como las
distancias que había desde allí hacia el Golfo y hacia los puertos de Sonsonate
y Acajutla en la Provincia de El Salvador, favorecían el comercio marítimo.
En el mismo estudio, se informó que
por la extensión del valle del Corregimiento Central, era posible fundar nuevos
Pueblos de Indios. Se levantó un plano que
abarcaba la siguiente extensión: 371 caballerías, 4 cuerdas, 4,375 varas
cuadradas, que reducidas a leguas hacían 9 y 22 caballerías, 199 cuerdas y
4,375 varas superficiales.
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| Primer plano de reconocimiento del valle del Corregimiento Central, 1773. Archivo Espiscopal. |
En
este plano señalaron los posibles parajes para concretar la traslación de la
ciudad, en color rojo: El llano de la finca
“El Naranjo” o la hacienda “El Incienso”, hacia el oeste; en la medianía del
valle, el llano de “El Rodeo”, donde se colocó una cruz y de “Piedra Parada”;
los de “La Culebra”, “Hicancapié” o de “Lejarcia”, hacia el sur; y, en color
verde, el valle de “Las Vacas”. (Pérez
Valenzuela, 1964; Polo Sifontes, 1970). A partir de aquí, no había vuelta
atrás, a pesar de las discusiones y cruce de documentos entre las autoridades
locales y la corona en ultramar. Finalmente, el 15 de enero de 1774, el Consejo
de Indias, tras recibir los informes de los hechos sucedidos en la capital del
Reino de Guatemala, aprobó el traslado provisional hacia el valle de “Las Vacas”
o de “La Ermita”, localizado a nueve leguas de la devastada Capitanía General
en el valle de Panchoy. Aunque con la advertencia que no se construyeran casas
formales ahí y tampoco se reedificara en la ciudad arruinada.
En
esa cédula, en el punto primero, decía que se debería comprar un terreno de dos
a cuatro leguas cuadradas, de preferencia, en circunferencia, o que se
acomodase de acuerdo a la capacidad que ofreciera el sitio elegido para la
fundación de la ciudad: “Pueblos
adyacentes a ella. Exidos, pastos y demás de su precisa dotación, y que se
importe a que se ascendiere el Terreno, regulado a justa tassacion de Peritos, a
y con respecto al valor que tenía antes de la destrucción de la Alcabala que yo
tengo concedida pa. obras públicas sin exigir arbitrio alguno sobre Tierras
(Pérez Valenzuela, 1964: 171. Se conserva redacción original)”. Los terrenos
para las comunidades, iglesias matrices y filiales de la antigua ciudad se
concedieron a forma gratuita. De igual forma se procedió con los terrenos
otorgados a los vecinos. De esa cuenta en punto décimo se lee que:
Siguiendo este pensamiento tan conforme a la razón, según lo
advertimos y al presente sistema se hace forzoso que la demarcación o
delimitación de la Ciudad sea substancialmente la misma que tenía en
Goathemala, con la circunstancia de dar más extensión a la Plaza Maior,
Plazuelas y Calles y aun a algunas Manzanas o Quadras, como aquí se nombran,
pues aunque la Plaza Principal es
bastante capaz, según se expresa en el Número primero de la razón de los
templos, juzgamos que no debiéndose penzar en fabricar altas, ni en todo lo
demas que ha sido el objeto de las maiores y considerables rentas, como son las
Bovedas y demas semejantes, se hace forzoso dar más capacidad al Angulo que
oicupaba el Real Palacio al de la catedral, con que se halla unido el de el Arzobispado,
como también al del cabildo, pues los convenios y comunidades lograban
comúnmente de suficientíssimo terreno, y en cualquiera evento, será fácil
recomendárselo, por aquella parte que no ofrezca perjuicio a tercer. (He venido
en aprobarlo). (Pérez Valenzuela, 1964: 175-176. Se conserva redacción
original).
El cumplimiento de estas ordenanzas
se complicó. A la crisis se sumó una plaga de langostas que arrasó los cultivos,
empeorando el abasto de alimentos y, para rebasar el vaso de agua, en la ciudad
arruinada se propagó una peste de tifus transmitida por el piojo que se
extendió por los pueblos de Sacatepéquez. Según consignaron algunos
historiadores, ésta se propagó a través de la migración de gente pobre que
había abandonado la ciudad y estaba hambrienta y sucia. De esa forma para
evitar que la peste se propagara a más población, Mayorga ordenó formar una
Junta de Sanidad compuesta por el doctor Ávalos y Porras, el bachiller Merlo y
don José Flores. Así lo comunicaba al Ayuntamiento el 30 de abril de 1774. Sin
embargo, no funcionó como se esperaba.
Mayorga teniendo en sus manos los
resultados del estudio, el 25 de febrero de 1775, ordenó de forma severa que,
sin excusa ni pretexto, todos los pobladores de la ciudad arruinada debían
trasladarse al nuevo valle y acondicionarse cerca del Establecimiento
provisional en el Pueblo de La Ermita y, por lo tanto, quedaba prohibido (re)construir
ranchos formales en la antigua ciudad, solo se permitían provisionales y de una
pieza.
[1] Expediente número 1368, legajo número21, 1778.
![]() |
Lienzo de Quauhquechollan, conservado en el
Museo Casa del Alfeñique, Puebla, México.
|
(Restauración digital. Universidad Francisco
Marroquín). |
Los cronistas coloniales relatan que la fundación de la capital del
Reino de Guatemala y sus tres traslados posteriores a diferentes sitios estuvo
marcada por conflictos bélicos, pero, en especial, por tragedias naturales,
como las erupciones volcánicas, tormentas, deslaves y terremotos. Lo que le
valió el mote de “Ciudad viajera”. Su historia andarina comenzó el 25 de julio
de 1524.
El 15 de noviembre
de 1523, el conquistador don Pedro de Alvarado, junto con su ejército español y
aliados tlaxcaltecas, salió de Tenochtitlán rumbo al sur para tomar la ruta de
los comerciantes del istmo de Tehuantepec hacia Soconusco y de ahí continuar
hacia el sur para entrar al territorio guatemalteco por Xetulul Hunbatz
(Zapotitlán, suchitepéquz). De aquí, se dirigió hacia Atitlán, Olintepeque, Quetzaltenango,
donde se produjeron cruentas batallas bélicas por la resistencia que ofrecieron
los pueblos indígenas y en uno de los enfrentamientos, según cuenta la leyenda,
murió en combate Tecún Umán, príncipe k´iche´ a manos de Pedro de Alvarado.
Alvarado ganó una
a una y anexó las tierras conquistadas al patrimonio de Su Majestad, el rey de
España. Estas hazañas, junto con las de su hermano Jorge de Alvarado, quedaron consignadas
en el Lienzo de
Quauhquechollan en el que se narra la historia de la ocupación que dibujaron artistas
indígenas nahuas, los tracuiloque,
que lo acompañaban.
Tras penoso y fatigoso viaje y tras haber salido victorioso, el 11 de abril de 1524, Alvarado, junto con sus tropas y los indígenas tlaxcaltecas, ingresaron a la ciudad K´iche´ llamada Q´umarkaj, en las cercanías de la ciudad de Iximché, Tecpán-Quauhtemallan, Chimaltenango y capital del reino kaqchiquel, donde fueron bien recibidos por los reyes, quienes pronto se aliaron y les proporcionaron guerreros para colaborar en la conquistas de los demás pueblos mayas para someterlos. Pero, Alvarado temiendo una traición, detuvo en las cercanías del campamento del Príncipe Chicba.
![]() |
| Mapa de Qꞌumarkaj (Catherwood, 1840). |
Alvarado
regresó de Cuscatlán, El Salvador, el 22 de julio de 1524, después de cuarenta
y cinco días de ausencia, eligió un sitio fértil y de clima bondadoso hacia el
sur en el valle de Iximché para fundar en nombre del Rey, su Señor, la primera
ciudad hispánica de Centro América, bajo la admonición del Apóstol Santiago y
bendecida con una misa rezada por el presbítero Juan Godínez. Estos hechos
fueron consignados por el escribano nombrado, Alonso de Reguera así: Libro de fundación de
esta muy noble e muy leal cibdad de Santiago de los Caballeros de Guathemala y
fundación della, que comenzó desde veinte e nueve días del mes de julio de mil
e quinientos y veinte e cuatro años en adelante.
Fecha que en el calendario maya kaqchiquel corresponde al 1 Q´at y en el
gregoriano es un día lunes. Asimismo, en la segunda acta, que se redactó dos días
después, consignó la institución del
primer Ayuntamiento de Guatemala:
Después
de lo susodicho, en la villa de Santiago a XXVII días del dicho mes de Julio
del dicho año, por ante mi el dicho Alonso de Reguera escribano, los dichos
señores alcaldes Diego de Roxas y Baltazar de Mendoza, y D. Pedro de
Portocarrero Hernán Carrillo, y Juan Pérez Dardón y Domingo de Zubarrieta
regidores, hoy dicho día miércoles entraron en su cabildo todos juntos,
juntamente con el señor Teniente de Gobernador.
Y ordenaron que por cuanto en esta
villa hay mucha necesidad de un oficial pregonero, para la ejecución de la
justicia y otras cosas necesarias, que sea elegido y eligieron por pregonero a
Diego Díaz, estante en esta dicha villa, el cual es la persona más suficiente
al dicho oficio que otra, y que le mandaban e mandaron que lo acepte y use, y
que le darán su salario como es costumbre en las yslas.
Otro si ordenaron y mandaron quel
herrero desta villa lleve por cada ciento de clavos, dando el hierro para ello,
dos pesos de oro, y que en las otras cosas que hiciere, se haya moderadamente
en el llevar del precio, su pena.
Otro si, que los herradores lleven
por cada caballo que herráren de todos cuatro pies, dándoles el herraje, aunque
sea por atarragar, un peso oro y al respeto: y por una sangría lleven un peso
oro, so pena de pagar con el cuatro tanto lo que ansi lleváren demasiado,
aplicada la metad para la cámara e fisco de su magestad y la otra metad para el
juez que lo sentenciare. Y que en lo que las curas y otras cosas tocantes a su
oficio, se hayan moderadamente en el llevar el precio. –Pedro de Albarado.
–Diego de Roxas. –Baltasar de Mendoza, D. Pedro de Portocarrero. – Hernan Castillo.
–Juan Pérez Dardon. –Domingo Zubiarreta.[1]
Pero, conforme pasaban los días, los
kaqchiqueles se mostraban inconformes con la ocupación de Iximché y con el
insaciable apetito de Alvarado para enriquecerse, le llevó a cometer delitos de
violencia y crueldad hacia la población indígena y, especialmente, a los reyes
Belehé-Qat y Cahí-Imox. Esto provocó actos de insurrección que llevaron a que
Alvarado tomara la decisión de quemar la ciudad, junto con sus reyes, y
abandonarla.
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Ciudad de Iximché. Croquis . (Fuentes y Guzmán, Antonio. Recordación Florida. Guatemala: José de Pineda Ibarra, 1979). |
Pedro de Alvarado retornó México y dejó a su hermano, Jorge de Alvarado, la tarea de buscar un nuevo sitio para el traslado de la ciudad. Pero esa tarea no fue fácil. Todavía sufrían ataques por parte de los cakchiqueles. Por esa razón, salió de Iximché y se trasladó cerca de San Juan Comalapa. Pero, esa fue una mala decisión. Este era territorio, también kaqchiquel, no era seguro. Hubo enfrentamientos con los castellanos, pero lograron controlarlos. Ante esto, Alvarado se trasladó al valle de Almolonga, donde hoy está San Miguelito, desde ahí mandó emisarios a buscar un nuevo sitio con mejores condiciones para trasladar la base de operaciones y establecer una ciudad permanente para ellos, los conquistadores. En el informe se recomendaban dos opciones, “El Tianguesillo”[2] en terrenos de Chimaltenango, próximo a El Tejar y el valle de Almolonga, donde ya se encontraba un grupo de españoles. Por el voto del Alcalde ordinario Gonzalo Dovalle y los Regidores don Pedro Portocarrero, Juan Pérez Dardón, Jorge de Acuña, Pedro de Cueto y Hernando de Alvarado, así como el capellán Juan Godínez y otros vecinos principales, al final, se eligió el sitio al pie del Volcán de Agua, en el valle de Almolonga.
El éxodo de españoles comenzó de nuevo y el asentamiento se oficializó el 22 de noviembre de 1527 en el paraje llamado Bulbuxyá o Agua que brota, al pie del volcán de Agua. El capitán general, los alcaldes, los regidores, indígenas, esclavos y soldados se congregaron en una plaza provisional y levantaron un altar en honor a la Virgen del Socorro.
A continuación, Jorge de Alvarado, hincándose, colocó un madero en el suelo, en señal de posesión y ratificó el patronato del Apóstol Santiago el mayor y la mandó trazar. Luego, se procedió a avecindar a los pobladores y a efectuar los repartimientos de tierras. Al mismo tiempo, la Corona autorizó la Gobernación de Guatemala y otorgó el nombre de Adelantado y Capitán General de la Provincia de Guatemala a Pedro de Alvarado, cuya jurisdicción comprendía Chiapas, Guatemala y El Salvador.
Este fue, también, el inicio de formación del Reino de Guatemala (1524-1821) y la institucionalización del sistema administrativo y poder político colonial en estas tierras. Se creó el Ayuntamiento, junto con esto, los cargos administrativos necesarios para el funcionamiento de la ciudad y validar el proceso de organización territorial por medio del repartimiento de tierras y de indígenas a los conquistadores, capitanes y soldados, que demandaban parte del botín y así, resolver las disputas que había sobre este asunto. Con estas medidas se selló la conquista de esta región y comenzó a construirse un entramado social y de relaciones entre españoles e indígenas.
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Mapa de Herrera, 1601, número 6. Madrid. |
Pedro de Alvarado regresó a
Guatemala en 1530, pero no se quedó durante mucho tiempo porque continuó sus
viajes de expedición y conquista hacia el sur del continente. Murió en 1541
dejando devastada a su viuda, doña Beatríz de la Cueva y ante la profunda
tristeza, pintó su casa de negro en señal de luto. Pero, este suceso dejó
acéfala la gobernación, por esa razón doña Beatríz de la Cueva se convirtió en
la primera mujer en asumir la gobernación de una ciudad en el Nuevo Mundo. El
mando lo compartió con su hermano Francisco. Ella recibió la vara de la
justicia en nombre de Su Majestad y agregó a su nombre el de “La Sin Ventura”.
Sin embargo, el ejercicio de su cargo se vio empañado por un desastre
natural.
Catorce
años después de haberse asentado en este valle de Almolonga, en la noche del
sábado 10 de septiembre de 1541, la vida cotidiana de los vecinos fue
interrumpida como consecuencia de una tragedia natural. Durante tres días llovió
sin parar, se sentían fuertes temblores y para terminar de asustarlos, durante
la tercera noche, a lo lejos, se escuchó un gran estruendo y, cada vez el ruido
se sentía más y más cerca. Ese sonido era producido por la corriente de agua
que bajaba del volcán con mucha fuerza, arrastrando consigo piedras, troncos de
árboles y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. El agua, como una
serpiente furiosa, rápidamente inundó las calles y las plazas, que hizo
estremecer los cimientos de las casas. En vano, muchos vecinos corrían para
resguardarse porque la fuerza del agua les impedía moverse de un lado a otro. En
esta tragedia, muchos pobladores perdieron la vida, incluyendo a doña Beatriz
de la Cueva, La “Sin Ventura”, y su séquito de damas. Los cronistas cuentan
que, desde esa fecha, el Volcán de Agua perdió su figura cónica al formarse el
cráter oblongo que ahora ostenta.
Conforme
los primeros rayos del sol anunciaban un nuevo día, los ojos de los vecinos
sobrevivientes vieron a su alrededor una escena de tristeza y dolor. Una vez
más, la zozobra asolaba a los pobladores. Pero, allí estaba el Obispo Francisco
Marroquín, quien había llegado al Reyno de Guatemala por invitación de Pedro de
Alvarado, para reconfortarlos espiritualmente y, al mismo tiempo, organizó
comisiones para exhumar los cadáveres, velar por los heridos, buscar refugio
seguro para los sobrevivientes, entre otras acciones.
Acto seguido, los sobrevivientes se
reunieron en la Catedral, que había quedado intacta, y realizaron una junta en
la que eligieron al Obispo Marroquín y al licenciado Francisco de la Cueva para
ejercer el gobierno civil provisional. Después de muchas discusiones, acordaron
trasladarse hacia el valle que los indígenas llamaban Pancán o Panchoy y los
españoles valle de Tuerto[3], localizado hacia el norte
del de Almolonga, porque se pensó que en este último estarían más seguros. El
nuevo paraje elegido poseía un clima agradable, estaba rodeado de cerros y de
tres volcanes, Acatenango, Agua y Fuego, aunque éste último, a veces, por estar
activo les diera algunos sustos, según ellos, no representaba un peligro
inminente. Después de realizarse los estudios respectivos y las consultas
reales, el 22 de noviembre
de 1542 se hizo el trazo de la nueva ciudad, se concedieron terrenos a los
vecinos y se señalaron los destinados para los edificios públicos, Catedral,
conventos, plazas y calles. A la par, se restablecieron los servicios
administrativos y de seguridad. Toda vez formalizado el establecimiento en este
valle, el Cabildo en pleno ingresa a la ciudad y se celebra la primera junta el
10 de marzo de 1543. Por eso, esta fecha se toma como la de la fundación del
tercer asentamiento y en junio, se ordenó que la ciudad se llamara Santiago de
los Caballeros. A partir de aquí, poco a poco, se restableció la vida cotidiana
en este nuevo asentamiento y los recuerdos tristes ocurridos en el Valle de
Almolonga pronto se esfumaron.
Durante 232 años,
la vida de la población de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Santiago de los
Caballeros en el Valle de Panchoy transcurrió bien. Durante este tiempo, el
desarrollo urbano, económico y cultural fue superior al de otras ciudades
coloniales de la región. Pero, de nuevo, la paz de los pobladores se
interrumpió de forma drástica, como consecuencia de otra tragedia natural, esta
vez un terremoto de gran magnitud, ocurrido la fatídica tarde del martes 29 de
julio de 1773. Este sismo, originó grandes estragos estructurales y pérdidas
materiales, pero, afortunadamente, pocas víctimas humanas.
Este hecho, embargó
de temor a muchos vecinos y al recién llegado nuevo Capitán General, don Martín
de Mayorga aún más que pronto sugirió el traslado de la ciudad a otro sitio más
seguro. Pero, también, fue la ocasión propicia para otros que, aprovechando el
temor de Mayorga y su inmediata reacción de irse del lugar, alentaron esa
moción. Esto en parte, por los problemas económicos que tenían y porque
representaba la oportunidad de resolverlos. De nuevo, había que llenar baúles y
dirigirse a un nuevo asentamiento, el cuarto, en el valle de Las Vacas o de La
Hermita, a 19 leguas del valle de Panchoy.
El 6 de septiembre de 1773, don
Martín de Mayorga partió hacia el Valle de Las Vacas, situado hacia el oriente
a una distancia de 9 leguas (28 km en línea recta), dejando a muchos vecinos
con gran zozobra por el futuro próximo y emitiendo las ordenanzas necesarias
para iniciar el traslado. A su llegada:
Habíase improvisado en la Ermita alojamiento para todas las
dependencias del gobierno y para los funcionarios y empleados. El cabildo del
pueblo poseía dos casas; una fue ocupada por la Audiencia y la otra se destinó
para guarda de las reales cajas. Allí estuvieron la Audiencia y el Tesoro hasta
el año de 1799 (mayo) en que se mudaron a la nueva capital –que ya en ese
tiempo se levantaba en el contiguo Valle de la Virgen (Pérez Valenzuela, 1964:
89).
Aunque en el valle de Panchoy,
seguía temblando. Los sismos más fuertes se sintieron el 7 de septiembre y el
13 de diciembre de ese año y después de cinco meses de ocurrida la tragedia,
para enero de 1774, todavía no se veía claramente que los vecinos quisieran
mudarse de la ciudad arruinada hacia otro lugar y tener que empezar de nuevo.
Por eso, a principios de enero, Mayorga convocó a una Junta General en la que
amonestó que todos debían concurrir sin excusa ni pretexto. El día 10, convocó
a otra junta para discutir dos puntos: 1) Convenir reedificar la ciudad o
levantar una nueva, eligiendo uno de estos sitios, el Llano del Calvario, la
Finca La Chácara o el Llano de Santa Lucía, ubicados hacia el sur de la ciudad
arruinada; y 2) Trasladar la ciudad al Valle de Jalapa, o al de Las Vacas,
cuyos estudios habían dictaminado eran los idóneos para el establecimiento de
una ciudad. Mientras tanto, la comisión nombrada estaba realizando su trabajo
de exploración y estudio de un sitio idóneo lejos del de la ciudad arruinada.
Pronto surgiría la NUEVA GUATEMALA DE LA ASUNCIÓN..., la cuarta capital del Reyno de Guatemala...
[1] Palabra
híbrida hispano-mexicana, con sentido de mercado, cuya poca categoría se hace
resaltar con el diminutivo castellano. (Libro Viejo de la Fundación de
Guatemala, año 1524, SGHG, 1991: xxi).
[2] Barberena, Santiago I. Guatemala, ciudad trashumante. El Excélsior, año IV, número 2,311. Guatemala viernes 23 de julio de 1924, p. 1.
[3] La localización exacta de este Valle no se puede ubicar, pero se suele ubicarlo al oriente del centro urbano de Ciudad Vieja, en torno a San Miguel Escobar. En la discusión se le menciona como “el valle” o “este” Valle; que fue designado con el nombre, no muy sugerente, de Valle de Tuerto; sin que se pueda asegurar a quién o a qué se refería. Más presentable y eufónico es Almolonga, palabra que en el sentir de Fuentes y Guzmán significa “agua que brolla”, que añade su leve toque profético sobre la catástrofe que le esperaba. (Idem, 1991,: xxii).
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| Izquierda, arriba: Jardines del Teatro Colón (1908); derecha: Parque Concordia (1922). Abajo: Parque Santa Catarina, zona 1 (1983). |
El busto en bronce del insigne escritor José Batres Montúfar, se mandó a hacer con motivo de cumplirse el centenario de su nacimiento, el 19 de enero de 1909. El mandato fue hecho por medio del Decreto número 668, dado en la ciudad de Guatemala el 21 de agosto de 1908 por el presidente Manuel Estrada Cabrera. Para el caso, se encargó el trabajo a los artistas plásticos Santiago González, Antonio Doninelli y Valentín Bressani
También,
se previó que el monumento se colocara en los jardines del Teatro Colón para
que fuera contemplado por todos. En el pedestal, se grabó en una plancha de
mármol uno de sus más famosos poemas: “Yo
pienso en ti”. Y sobre él, fue colocado su busto.
Pero
debido a las secuelas provocados por los terremotos de 1917 y 1918, el
monumento se dañó y tuvo que ser restaurado, asimismo, se autorizó su traslado el 30 de enero de 1922, según consta en la Memoria de Labores del Ministerio de Fomento
de ese año y se mandó pagar a don Antonio Donninelli, la suma de $7,500 moneda
nacional, valor cobrado por la colocación del busto de don José Batres Montufar
en el parque “
En
este recinto, el monumento tampoco
duró mucho tiempo. Ya que después de algunas remodelaciones y de la colocación del monumento al
Príncipe de los Cronistas, Enrique Gómez Carrillo, en este parque, el busto de Batres
Montúfar tuvo que ser
trasladado al parque de “Santa Catarina” en 1983, que está situado en la esquina de la tercera
avenida y quinta calle de la zona 1, frente al Conservatorio Nacional de
Música.
Como
datos adicionales, se agrega que el 13 de octubre de 1966 se publicó un
artículo en el que se menciona que el señor León Bilak, miembro de número de la
Sociedad de Geografía e Historia, en aquel mismo año donaron a la Biblioteca
Nacional un grupo de papeles que pertenecieron al poeta José Batres Montúfar.
Entre ellos figuraban varias cartas enviadas desde Nicaragua, así como una
invaluable pieza literaria, el original del inmortal poema “Yo pienso en ti”. En 1991, la señora
Carmen Rodríguez Beteta donó una replica del busto a la Hemeroteca Nacional de
Guatemala “Clemente Marroquín Rojas”, donde está colocado en un sitial de
honor. Otra réplica del busto fue colocada en el Congreso Nacional.
Es lamentable que por el descuido de las autoridades municipales y por las del patrimonio nacional, este monumento haya sido robado por personas inescrupulosas que se dedican al reciclado de metales. Ahora, solo quedan las fotografías...
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| Izquierda: Vista panorámica del monumento en 1912. Derecha: Monumento a La Fama. |
El “Monumento a
El monumento se
colocó en un espacio verde que servía para el entretenimiento y solaz esparcimiento
de los vecinos de la ciudad capital y, en especial, los del Cantón de “
Fontaine, con su escultura,
trató de unir a la naturaleza representada por un peñasco de rocas amontonadas a
los progresos de la civilización y dejar formado en el conjunto una obra
espléndidamente emblemática. Constaba de blocs de roca granítica rústicos, y algunos
de ellos de más de tres metros cúbicos de volumen. Tenía doce metros de altura
sobre cimientos de seis metros de profundidad y pesaba más de seiscientas (600)
toneladas métricas.
Alrededor de él,
se construyó una pequeña fuente con capacidad para contener más de cincuenta metros
cúbicos. Las gradas y la orilla de la pila fueon hechas de piedra volcánica
También se
colocaron cuatro estaturas alegóricas hechas de lámina de cobre, de treinta y
dos onzas cada una, bronceado antiguo, que representaban, de arriba abajo a los
dioses de
Lamentablemente, el
monumento se cayó durante los terremotos de 1917-18 y las piezas que lo
componían quedaron abandonadas durante mucho tiempo.
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| Vista de estatuas de los dioses abandonadas en un terreno baldío después de los terremotos de 1917-1918. Fotografía publicada en el Diario El Liberal Progresista, 1939. |
Las autoridades
del Ayuntamiento prometieron que el monumento sería reconstruido en un sitio
más adecuado, pero nunca esto no se cumplió y solamente fue rescatada una de las
estatuas, la de la diosa de La Fama, porque el Secretario del Colegio de
Infantes, hoy Liceo Guatemala, solicitó al Concejo Municipal la donación de la
misma para colocarla sobre la torre de la capilla del centro educativo, que medía
35 metros de altura y, de esa forma, serviría de ornato para el colegio y la
ciudad. El Concejo, en sesión ordinaria del 26 de abril de 1956 accedió a la
petición.
Los sacerdotes maristas encargaron
al escultor Tinetti que retirara la trompeta y en su lugar colocara una
antorcha y que se retiraran los senos de la figura femenina. De esa forma, la
Diosa se transformó en un Ángel.
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| Vista de la Diosa de La Fama transforma en Ángel (izquierda: 1956; derecha: 1976) |
Durante el
terremoto del 4 de febrero de 1976, la estatua se cayó, pero no sufrió mucho
daño. Luego, fue recolocada en la parte más alta del edificio del colegio donde
todavía se observa hasta hoy.
El antiguo lugar ocupado
por el monumento a La Fama fue transformado en la “Plazuela Once de marzo”, por
acuerdo municipal en 1921. Esto como un homenaje para rememorar los actos
cívicos y heroicos acaecidos con motivo del derrocamiento del gobierno dirigido
por el presidente Estrada Cabrera en 1920. Desde entonces, hasta el años 2007,
el único vestigio que quedó de la “Plazuela 11 de Marzo” fue una placa
conmemorativa situada a un costado del Parabus de la 7ª avenida, Ruta 5 y Vía
6, zona 4, que rezaba lo siguiente:
Casi cien años después de la
creación de esta plaza, los personeros de
Al norte de la plaza se construyó
una estación de Transmetro para el eje hacia el sur de la ciudad y asimismo,
con este proyecto se contribuye al remozamiento de las áreas verdes y
recreativas del Cantón de “
![]() |
| Plaza de La República y monumento de Max Leiva. |